Francisco Muro

Francisco Muro de Iscar

La señales de alerta suenan, pero quienes deberían escuchar, no oyen. Las encuestas indican tendencias que los partidos, especialmente los clásicos, los de siempre, interpretan en clave de poder y no en clave de sentimientos sociales. Si no cambian -hay que mirar a Francia-, el populismo crecerá y el país se enfrentará a una situación muy grave. La clave no está en el crecimiento económico, que es muy importante, sino en el aumento de la desigualdad. Esta crisis ha provocado un dramático aumento de la pobreza. En 2007, la exclusión social afectaba a un 16 por ciento de la población, un 7 por ciento, mientras que ahora -los datos son de Cáritas y del Informe Foessa- alcanza los 13 millones. Prácticamente el doble. A pesar de que hemos vuelto a crecer y a crear empleo, no es un problema sólo de la crisis, sino del modelo social. Muchos millones de ciudadanos desempleados, la mayor parte en la franja entre los 40 y los 60 años, van a tener muy difícil volver a trabajar. Exclusión social permanente. Y muchos jóvenes de entre 25 y 35 años se van a ver adelantados por generaciones más jóvenes mejor preparadas. Esta crisis ha pulverizado a las clases medias, que son la espina dorsal de un país. Y ahí está una de las razones del cambio del voto. Mucha gente no tienen nada que conservar, nada que proteger.

La crisis es mucho más profunda de lo que nos quieren hacer creer desde la derecha, aunque no se solucione con las viejas ideas de la izquierda comunista y populista. Si éstos gobernaran retrocederíamos décadas. Pero si el centro derecha y el centro izquierda no son capaces de unirse y ofrecer soluciones imaginativas, acabarán gobernando los que venden sentimientos. El primero, el de quienes piensan, con razón, que esta crisis ha aumentado las diferencias. Que hay más ricos que nunca y muchos más pobres que siempre. Hay una parte importante de la población que prácticamente no ha sentido la crisis y otra que ya nunca saldrá de ella si no se ponen en práctica medidas de emergencia: incentivación de verdaderas políticas de empleo, reformas educativas profundas, formación para todos los parados, salarios razonables, cargas sociales sostenibles, ayudas sociales para evitar la cosificación de la miseria… Decimos que el nuestro es un Estado Social y de Derecho. ¿Nos lo creemos o sólo son palabras huecas?

Lo mismo que hay dos Europas que van a distinta velocidad, incluso con objetivos contrapuestos, también hay dos Españas. La del norte y el arco mediterráneo, con menos desempleo, más riqueza y más renta. La del sur, empobrecida y con tasas de desempleo superiores al 30 por ciento. Insoportable. La activista Jane Goodall dice que «llevamos un estilo de vida loco e insostenible». Tiene razón, pero los políticos siguen hablando de lo mismo. Dice Cáritas que bastarían 10.000 millones para acabar con la desigualdad y empezar a acercarnos a una sociedad digna. Mientras, el Banco de España pide menos protección al empleo fijo, es decir mayor precariedad. Aunque el trabajo indefinido se acabó hace mucho, algunos parece que le quieren hacer la campaña a Podemos.

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído