Manuel del Rosal

Muhammad Alí: Libertad y Verdad

Muhammad Alí: Libertad y Verdad
Manuel del Rosal García. PD

«En el imperio de los mediocres, la excelencia es condenada a la hoguera»

Fue un 25 de febrero de 1964 yo acababa de cumplir 21 años, y recién conocí a quien cinco años más tarde sería mi mujer y la mujer de mi vida. Cassius Clay conquistaba su primer título mundial de los pesados. Desde aquel día vimos juntos todos sus combates.

Antes de Cassius Clay no nos interesaba el boxeo, después de él jamás no interesó, porque el boxeo de Muhammad Alí era arte, puro arte sobre un cuadrilátero, y a mi mujer y a mí nos gusta el arte.

Alí ha muerto y con él el más grande boxeador de todos los tiempos. Alí tenía otro deporte además del boxeo: la libertad. Alí amaba la libertad más que nada. Se cambió de nombre. De Cassius Clay a Muhasmmada Alí porque Cassius Clay «Era el nombre de un esclavo.

No lo escogí, no lo quería. Yo soy Muhammad Alí, un hombre libre» Otras dos de sus frases me quedaron impresas en la memoria por lo que encierran de verdad y libertad. Son estas: «Yo no divido el mundo entre hombres modestos y arrogantes. Divido el mundo entre los que mienten y los que dicen la verdad» y «No quiero ser líder, quiero ser libre».

Hoy, por ser líder de papel y cartón piedra, la gente vende su libertad por un plato de lentejas, por aparecer en un programa basura, por ser portada de una revista. Alí era líder sin proponérselo, con el liderazgo de los que nacen con el don de ser único e irrepetible.

Y nació libre y vivió libre enfrentándose a todos y a todo lo que él consideraba que robaba su libertad. Era libre por el hecho de vivir sin pagar peajes, por no ser gregario, por decir la verdad, aunque esta duela.

Y no olvidemos que habló, se rebeló y dijo la verdad en unos años en los que en EEUU se asesinaban negros; Luther King, por ejemplo. Su postura en los EEUU de los 60 requería grandes dosis de valor.

A su muerte Obama ha dicho: «Habló por los que no podían». Podemos acusarle de arrogante, pero a veces se confunde la excelencia con la arrogancia, el genio con las excentricidades. Y era viril y varonil también sin proponérselo, era el macho alfa hoy tan denostado y sustituido por el macho beta-sumiso.

Y nació en el siglo XX, un siglo en el que todavía el hombre podía ser hombre mostrándose como tal, en el que todavía la libertad no había sido ahogada por las corrientes del buenismo, de lo políticamente correcto, del discurso almibarado, pastelero y rosa.

Muhammad Alí no sería aceptado en el mundo de hoy, un mundo flojo, buenista, relativista, melifluo; donde la mentira y los eufemismos tiene su asiento y en el que el macho de la especie ha sido sustituido por un ejemplar homínido hibrido – hoy todo es hibrido – a caballo entre el varón y la hembra y donde él, macho alfa, no tendría cabida. Este mundo de hoy, gobernando por la mediocridad, sería imposible para Alí porque carece de dos de las banderas que enarboló en su vida: la verdad, aunque duela y la libertad, aunque cueste.

Alí debió de conocer desde muy joven que para ser libre se necesitan dos cosas fundamentales: «no depender de nadie y decir siempre la verdad». Él nunca dependió de nadie salvo de sí mismo y siempre dijo la verdad, porque la verdad es decir lo que sientes y actuar según ese sentir. Alí era un espíritu excelente, algo que no se tolera en un mundo donde impera la mediocridad.

Manuel del Rosal

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