Cayetano González

Vértigo en el PSOE

Vértigo en el PSOE
Cayetano González. PD

Las encuestas publicadas este pasado fin de semana sobre intención de voto de cara a las elecciones generales del próximo día 26 coinciden en algo que caso de confirmarse en las urnas tendría una trascendencia política muy importante: la coalición Podemos-IU supera ya en votos y en escaños al PSOE, convirtiéndose de esa manera en la primera fuerza de la izquierda.

Desde los inicios de la transición política, ese papel de referente principal de la izquierda siempre lo había tenido el PSOE, que cuando no ha ganado las elecciones ha ocupado la segunda posición.

Si el famoso «sorpasso» de Podemos-IU se confirma el 26-J, el PSOE entraría en una situación muy delicada que requerirá, de entrada, el inmediato relevo de la actual dirección encabezada por Pedro Sánchez.

Asimismo será necesaria la reconstrucción del proyecto ideológico que en esta etapa democrática siempre ha encarnado el PSOE, más identificado con la socialdemocracia que con posturas radicales. Pero esa reconstrucción llevará tiempo y requerirá un cierto sosiego, algo que los socialistas sólo podrían encontrar en la oposición y en ningún caso apoyando un gobierno de izquierdas liderado por Podemos.

A menos de tres semanas de las elecciones, el vértigo para el PSOE crece día a día. El acuerdo electoral de Podemos con los restos de IU ha generado una efecto positivo en los sectores más radicales de la sociedad que ven en ese entendimiento entre los de Iglesias y Garzón un proyecto más atractivo que el representado por Pedro Sánchez y los suyos.

Sería injusto culpar de todos los males actuales del PSOE a Sánchez y a su equipo. Pienso que los males profundos de este partido empezaron con la llegada de José Luis Rodríguez Zapatero al poder en marzo de 2004.

El ex -presidente del Gobierno y que también en aquel momento era el líder del PSOE desdibujó hasta tal punto el proyecto político e ideológico de su partido que lo acabó haciendo irreconocible.

La radicalidad con la que actuó desde el gobierno en cuestiones como la memoria histórica, la negociación política con ETA o las concesiones a las reivindicaciones independentistas que ya entonces empezaban a llegar desde Cataluña, provocaron que el PSOE perdiera totalmente sus señas de identidad y abandonara ese espacio de centro-izquierda, socialdemócrata, en el que siempre había ganado las elecciones y con las que había gobernado España durante catorce años.

Zapatero, quizás sin quererlo, hizo en esos años de gobierno mucho daño a su partido. Posteriormente Rubalcaba, que había sido un colaborador necesario de las políticas de Zapatero, no pudo o no quiso rectificar el rumbo y ahora Pedro Sánchez será el que tenga que pagar los platos rotos.

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