Santiago López Castillo

Más sobre el linchamiento

Más sobre el linchamiento
Santiago López Castillo. PD

Está visto que nadie puede criticar, y menos arremeter, a la izquierda cerril o radical. La calle es nuestra, el acoso es nuestro, viva la libertad de expresión. Se le ha ocurrido al cardenal Cañizares poner en solfa el venid y vamos todos de los refugiados y se le ha caído con todo el equipo. Una de esas asociaciones que viven de la subvención y la demagogia le han presentado una denuncia por lo penal al obispo de Valencia. En dos palabras, su eminencia reverendísima vino a decir que entre esta avalancha que huye de la guerra hay mucho infiltrado y mucha escoria que contabilizar. La asociación en concreto lleva por título algo así como «Ayuda al refugiado», una franquicia de «SOS inmigrantes», que tienen por «labor humanitaria» denunciar a la Guardia Civil como pasa a menudo en Ceuta y Melilla y luego un juez justo da la razón a los miembros de la Benemérita, pero el daño causado ya no se borra ni con goma de miga de pan.

Al cardenal Cañizares le han puesto estos chiquilicuatres que están a la que salta, viven de ello y de los partidos de izquierda, mismamente el PSOE; le han puesto, trataba de decir, de chupa dómine. Y si encima, en su alocución, hizo referencia al orden natural sobre los matrimonios de gays y lesbianas, pues nada; ya estamos con el nacional-catolicismo, muera Franco, los poderes fácticos a la hoguera, como si no ardiera Barcelona tierra del odio, kale borroka. Ésta es una acción más de la ideología marxista-leninista ante un Estado central silente y acobardado.

Conscientes de ello, los zurupetos no se detienen. Hoy es la Iglesia y las sacristías y arderéis como en el 36. No pasa nada. En cambio, los títeres de los titiriteros que aun reprobados siguen mofándose de las creencias cristianas. ¿Vamos a las catacumbas?, es lo que se me ocurre. Sí, a lo que parece. Asimismo, Cañizares calificó la ley del aborto como un crimen. Lo que es. Y en seguida, las feministas y toda esa patulea de gays y lesbianas se le echaron al cuello con aquello de que es un derecho de la mujer. Está visto que sólo el mundo radical de izquierdas tiene patente de corso. Y por qué será, me pregunto, que la mayoría de los jueces archivan las causas fragantes de esta caterva de podemitas y un muchacho falsifica una tarjeta de pago y va a la trena. Es lo que tiene ser juez para la democracia y los que no lo son reciben el calificativo de retrógrados cuando no fachas.

Qué país, Miquelarena.

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