Vicnuel Sánchez González

Progresismo, Enseñanza y Elecciones

Progresismo, Enseñanza y Elecciones
Vicnuel Sánchez González. PD

Después de oír lo que los que se autoproclaman progresistas vienen diciendo sobre la Enseñanza, no tengo más remedio que recordar a los lectores algunos datos que se deberían tener en cuenta a la hora de votar:

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Siendo ministro de Educación y Ciencia Javier Solana, y Rubalcaba, secretario de Estado de Educación, se publicó en el BOE de 26 de diciembre de 1988 el real decreto 1543/1988, sobre derechos y deberes de los alumnos, del que transcribo parte de cinco artículos.

  • Art. 27. Tres: La comisión de faltas graves y muy graves serán sancionadas por el Consejo Escolar, si se trata de Centros públicos o concertados.
  • Art. 28. Uno: No podrán imponerse sanciones por faltas graves o muy graves sin la previa instrucción de un expediente,….
  • Art. 28. Dos: La instrucción del expediente se llevará a cabo por un Instructor designado por el Consejo Escolar del Centro. Los alumnos o sus padres o tutores podrán recusar al Instructor cuando de su conducta o manifestaciones pueda inferirse falta de objetividad en la instrucción del expediente.
  • Art. 28. Cuatro: Instruido el expediente, se dará audiencia al alumno y, si es menor de edad, a sus padres o tutores, al menos cuando se le notifiquen las faltas que se le imputan y la propuesta de sanción que se eleve al Consejo Escolar del Centro.
  • Art. 31. Dos: Cuando en las mismas se impongan sanciones por faltas muy graves o graves, las resoluciones a que se refiere el apartado anterior podrán ser objeto de reclamación, respectivamente, ante la Dirección General de Centros Escolares o la Dirección Provincial correspondiente,…

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Pero, para poder analizar mejor los efectos de este decreto, conviene recordar que, entonces, el Consejo Escolar estaba formado por 20 personas (4 padres, 4 alumnos, 1 concejal, 1 no docente, etc.), y que los profes y padres «progres» eran «más papistas que el Papa», lo que hacía que la puesta en práctica del decreto fuese aún mucho más desorbitada que la teoría. Y, así por ejemplo, al pobre profesor que le tocaba ser juez instructor tenía que entrevistar al presunto, a los testigos, a los padres, al Jefe de Estudios, etc., etc., de lo que resultaba un montón de folios para cada uno de los miembros del Consejo Escolar. Luego, había que reunir al Consejo, y, como volvían a aparecer los «progres», ¡tan enfervorizados con la ley!, a cualquier castigo le encontraban pegas, no se llegaba a acuerdos, y se volvía a convocar a los sufridores miembros del Consejo para ver si, en otra tarde, se conseguía el consenso.

¡Qué importante soy, pensaría el alumno «instruido»! Y, después de tanto ajetreo, el castigo quedaba reducido, con frecuencia, a que el chaval fuese tres días a estudiar a la biblioteca, a que cambiase de grupo, o a nada. Por cierto, también había quienes se oponían al primero de los castigos citados anteriormente, porque, según decían, eso podría crear en el alumno una especie de fobia a la lectura.

Y, de hecho, rara vez se podía poner un castigo, por pequeño que fuese, sin la instrucción del dichoso expediente. Y, lógicamente, al no practicar las pequeñas correcciones a los «tiernos arbolitos», se fueron torciendo, y, después, no había forma de enderezarlos. ¡De locos! Por eso, no es de extrañar que, ante este panorama, más de uno se hiciese el sueco al divisar algún problema de convivencia. No digo de indisciplina porque, entonces, esta palabra casi la convirtieron en palabra tabú.

Tengo delante de mí algunos escritos de aquella época en los que se puede leer frases como «modelo estérilmente burocrático o expediente, siempre complejo y dilatado» (firmado por 29 profesores del I. B. «La Estrella»), «sabor a código penal», «riesgo de inoperancia», «puede ser un sistema adecuado para algunos casos muy graves, pero no para el 98 por ciento de los que se producen en los Centros», «este proceso, a menudo será eludido, bien pasando por alto las faltas, o…» u otras frases más fuertes.

A mi modo de ver, ya con la LODE empezó a fraguarse el futuro desastre de la enseñanza, principalmente en la Pública y Concertada (la de los pobres; imitando la forma de decir de los «progres»), pero este real decreto ha contribuido muchísimo más a fomentar el fracaso escolar, pues generó una gran indisciplina en los Centros, que aún padecemos y, por inercia, seguiremos padeciendo. Y por si esto fuese poco, posteriormente lo remataron con la «puntilla» de la LOGSE.

Pero insisto: en mi opinión, lo que más daño ha causado ha sido el decreto que estamos considerando, que lo han sufrido ¡más de 20 promociones!. Y yo me pregunto: ¿Con quiénes estarán indignados los alumnos pertenecientes a estas promociones?

¿Y los profesores que han salido alguna vez llorando de clase por la indisciplina reinante? ¿Y los padres que tienen que seguir pasando «pasta» a sus «ninis» de más de 20 años? ¡Cualquiera sabe,… lo mismo van y votan a los progres!. Pero yo no diré lo que dijo en su día Pedro Castro, alcalde de Getafe; simplemente recordaré el dicho popular: «dies ila, dies ile, el que es tonto que espabile».

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