Santiago López Castillo

Un tiro a puerta

Un tiro a puerta
Santiago López Castillo. PD

Los futbolistas, que lo hacen todo por dinero, se creen que todo el monte es orgasmo. No es un caso aislado -si es que hay caso, el periodismo «amarillo» está a la orden del día- el que supuestamente ha protagonizado De Gea entrando al juego con el sexo, el vicio es irrefrenable, tanto tomantes como donantes, y no va con segunda intención. Muchos sucesos de esta índole se han sucedido en este mundo del balompié. Sobre todo, en equipos de campanillas porque en los comunes o promocionales no tiene relevancia periodística. Aquí, de lo que se trata es que caiga quien caiga, sálvame de lux y polvos de estrella.

Pero estos artistas del balón son lo que son y lo contrario es imposible. En mis tiempos de socio infantil del Real Madrid, conocí a Zárraga, Zarraguita, medio volante con Miguel Muñoz, Muñoz-Zárraga, era licenciado en Derecho, aunque fuera medio izquierdo. Era un jugador culto. Después, las generaciones venideras siguieron echándose al monte del orégano, dicho sea en plan fino. Fui -y acudo a la memoria por vía del ejemplo- muy amigo de José Luís López Peinado, José Luís, lateral derecho del quipo blanco, puesto que odiaba y se enfrentó en varias ocasiones al entrenador, a la sazón Miguel Muñoz, saliendo yo en su defensa en mi condición de redactor de deportes del periódico «Nuevo Diario». Ya ha llovido.

– ¡Estáis todas las noches de jarana, de ligoteo! -exclamó el entrenador blanco.

Sí. En efecto. Ligábamos mucho en los pub de Concha Espina y al que se sumaba el no menos amigo Julián Lumeras, el capricho de las nenas. En varias ocasiones, acudí a las concentraciones del Real Madrid de Copa de Europa en el hotel Arcipreste de Hita de Navacerrada, donde follamos a calzón quitado con nuestras amantes preferidas. Nadie se enteró de nuestros escarceos, a mí me daba igual porque no militaba en el club blanco, sino el de las sábanas blancas. Gento, por otro lado, era un golferas de primera, además de ser el mejor extremo izquierdo del mundo. Estuvo liado con la actriz Mari Luz Galicia y Pirri, corazón de león, con Sonia Bruno, cuyo romance con la artista catalana tuvo pronta respuesta en don Santiago Bernabéu: «Si se produce el más mínimo escándalo en la relación, a usted le pongo de patitas en la calle». Dicen que luego fueron un matrimonio modélico.

Y también era una buena pieza el goleador Hugo Sánchez. Una mañana fui a llevar a una chavala que vivía en la casa del futbolista mexicano. Al día siguiente ya se la había calzado. Y es que también las hay más putas que las gallinas.

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