Víctor Entrialgo de Castro

Brexit

Brexit
Víctor Entrialgo de Castro, abogado y escritor. PD

Parece una maldición inexorable que las vísperas de las elecciones españolas sean sacudidas por acontecimientos que, si no las alteran, al menos las perturban. Tres días antes de las elecciones conoceremos el resultado del referendum sobre el Brexit, la salida o no del Reino Unido de la Unión Europa, de consecuencias impredecibles para el futuro del proyecto europeo.

Europa no avanzará sino con pequeños logros y grandes crisis que propicien su mayor unión. La crisis de Grecia, la de los refugiados y ahora el Brexit están siendo desafíos extraordinarios y aunque no esten en el euro ni en Schengen, esta despedida periódica de los ingleses empieza a resultar insufrible.

Es cierto que su condición de isla determina la historia y el presente. Que los diplomáticos ingleses llevan poniendo duras reticencias en asuntos como la libre competencia, la gobernanza económica o la exclusión de los trabajadores extranjeros del bienestar social.

Que la guinda la ha puesto recientemente la exigencia británica de suprimir la expresión una Europa «cada vez más fuerte» del Tratado de Roma.

Tampoco era dificil predecir que el «melting pot», la mezcla de nacionalidades, razas y pueblos que constituye el Reino Unido y que se ha visto acrecentada con cada conflicto o crisis internacional, no era económicamente sostenible indefinidamente.

Pero un club, inglés o no, no puede estar recibiendo un día si y otro también la amenaza de sus socios de irse o de no pagar. No sería un club serio. Pasó con el «Grexit» y pasa igual con la sonsonia insufrible del separatismo catalán.

El primer ministro Cameron, un Zapatero en versión british buscando un sitio en los libros de historia ha convocado alegremente otro referendum demasiado arriesgado, sin reparar en si la ciudadania tiene la información suficiente para decidir emocionalmente una cuestión semejante, poniendo de los nervios a los mercados y provocando, aún más que con el de Escocia, la incertidumbre política y económica general y la crisis del proyecto europeo.

Pero volvamos a barrio Sésamo para intentar explicar la diferencia entre dentro y fuera, IN and OUT, de los ingleses y la Unión Europea. El ex alcalde conservador de Londres «el Donald Trump británico», el pelirrojo Boris Johnson, ha encontrado en el OUT y en este referendum una plataforma inmejorable para ganar al Ministro de Finanzas pro europeo John Osborne, partidario del IN, en la carrera para suceder a Cameron.

Por su parte, el partido nacionalista UKIP de Nigel Farage presenta la salida de la UE, como un ‘NO’ a la burocracia y a la falta de democracia de las instituciones europeas y, a la vez, como una oportunidad para recuperar «la gloria perdida» del Imperio británico.

La City, los grandes bancos y aseguradoras, perderian por un lado con el NO quinientos millones de potenciales clientes. Pero por otra, los fondos de inversión y ese enorme paraíso fiscal que es el Reino Unido, adonde llegan capitales de toda indole a los que no se les pregunta procedencia, no quieren límites ni trabas de Bruselas. A esos capitales venidos de medio mundo les trae al pairo Europa y su mayor o menor Unión.

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