Santiago López Castillo

El ‘Niño de la Bola’ en versión completa

El 'Niño de la Bola' en versión completa
Santiago López Castillo. PD

Tiene cara de no haber roto un plato pero las apariencias engañan. El «Niño de la Bola» (o de la Trola) podría pertenecer a la novela de Pedro Antonio de Alarcón o a la imagen tan venerada como se profesa en Austria. Albert Rivera se ha destapado de lo lindo desde el 20-D hasta nuestros días, o sea, el 26-J. De ser un tipo mansurrón, que apenas enviste, ha pasado a cornalón -en lenguaje taurino- erigiéndose en la «pureza» política, te alabamos, Señor. Él, solamente él, más esa recua emergente, falsos profesores de universidad, asamblearios de facultad, se ha erigido en hacedor y dador de vida, el que imparte los carnés de honestidad y decencia, leña a la corrupción, pero también en su partido. No contento con consagrase como blanco sepulcro, dicta al personal lo que tienen que hacer en los demás partidos.

Hace pleno en su odio a Rajoy, propone sustitutos en casa ajena, ve los defectos en el PP pero no ve las vigas en su propia formación. Su aversión al partido conservador tiene distintas varas de medir. V. gr.: Comunidad de Madrid y Andalucía. Meticuloso e intransigente con Cristina Cifuentes y laxo con Susana Díaz. No es un político imparcial. Está coaligado con el PSOE y Pedro Sánchez su profeta. Escena que se volverá a repetir en los inminentes comicios. Usted, quiero decir, el líder de Ciudadanos, que alienta la democracia interna, trata de imponer su voluntad al partido que fuere, que tiene sus estatutos y reglamentos. Eso se llama intromisión o interferencia y falta de democracia interna y externa. Es antidemocrático, coullons.

Diríamos lo mismo si cualquier otra formación se inmiscuyera en el partido naranja. A nadie se le ocurre meterse en camisa ajena imponiendo la conducta, usos o abusos en el vecindario. La ropa sucia -como tantas veces se ha dicho- se lava en casa. Está claro, a tenor de las imposiciones para con los demás que quiere implantar el Niño de la Bola, que Albert Rivera tiene sobrados tics autoritarios. Es un calco de UPyD, franquicia del PSOE, que está en la deriva camino del ocaso. Y es que el líder de Ciudadanos piensa de una manera y de otra según se levante. Dicen que estuvo en UGT y, lógico, pacta con Pedro Sánchez, ese ser ególatra que solamente piensa en la poltrona, como el riverita. Tiene por escudero a Juan Carlos Girauta, quién te ha visto y quién te ve, que iba por las tertulias dando caña al PSOE y ahora su obsesión, como su jefe, es el PP y más concretamente Rajoy. Que si es tan nefasto el presidente en funciones déjenle que se estrelle, pero ha enderezado el rumbo económico de España (por cierto, el tal Girauta es un zascandil que estuvo en el Partido Popular y en el Socialista para aterrizar en un tercero. Rectificar no es de sabios, es de indecisos).

Rivera me resulta y mercachifle y encima tiene un libro titulado «Juntos podemos». ¿Hay quien dé más? Y menos.

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