Victoria Lafora

De aquí a dos años

Pablo Iglesias lo dejó muy claro: «nadie va a impedir que Podemos gobierne. Si no es la semana que viene será en dos años». Quizás, en esa frase este la clave de los posibles pactos pos electorales. La estrategia del palo y la zanahoria con la que han obsequiado a los socialistas en campaña, la exacerbación de los ataques mientras oficialmente se sigue con la mano tendida, la reivindicación del referéndum en Barcelona mientras en Madrid no se considera una línea roja, hace cada vez más difícil un pacto.

A Podemos no le interesa ni que el PSOE les apoye ni pactar con ellos. Prefieren empujarles, suavemente, a un pacto a tres con Ciudadanos y PP que les permitirá ocupar con holgura y fuerza la bancada de la oposición. Frente a un Gobierno obligado a nuevos recortes ellos se permitirán defender la desobediencia a Bruselas, aumentar el déficit e incrementar las medidas sociales. Lo van a tener fácil.

Porque el Brexit ha venido a complicar aún más el difícil panorama postelectoral español y la desconfianza europea frente a los populismo de cualquier signo como el que ha roto las encuestas en Gran Bretaña. En estos momentos de tira y afloja en la negociación para la salida ordenada de Londres las instituciones europeas no se pueden permitir ni un solo dolor de cabeza más.

Y al mismo tiempo saben que las políticas ultra liberales, aplicadas con rigor germánico a los países en crisis, han creado una malestar social y un rechazo a la austeridad que se ha convertido en caldo de cultivo para personajes como Marine Le Pen o Beppe Grillo. Y así no se hace Europa, así se destruye. Los populismos se desintegrarán como azúcarillos cuando la Unión Europea vuelva a ser el ejemplo democrático de las libertades y los derechos sociales de los más vulnerables.

Pero, volviendo a nuestro país, el último escándalo del ínclito ministro de Interior, Jorge Fernández Díaz, a quien sus profundas convicciones religiosas no le han impedido tratar de fabricar expedientes contra los independentistas catalanes, puede que no le reste votos al PP, que parece inmune a las peores acusaciones políticas. Lo que sin embargo hace mucho más difícil es que alguien se preste a apoyar a Mariano Rajoy para ser investido, de nuevo, presidente del Gobierno.

Podemos ver en los próximos días grandes cambio de liderazgo en los partidos porque, si no, el pacto se antoja harto imposible.

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