Manuel del Rosal García

Están enfermos: unos de odio, otros de soberbia y otros de cobardía

Están enfermos: unos de odio, otros de soberbia y otros de cobardía
Manuel del Rosal García. PD

Dos frases sobre el odio:

  • «El odio es la venganza de un cobarde intimidado» José Ingenieros, filósofo y psicólogo argentino.
  • «Creo que el odio es un sentimiento que sólo puede existir en ausencia de toda inteligencia» Tennessee Williams, dramaturgo estadounidense.

Si se busca una explicación desde el raciocinio y la lógica, no la encuentras. Tienes que ahondar en los recónditos y oscuros rincones de un corazón lleno de odio y de resentimiento para poder entender las posturas de ciertas personas. En la película Cinderella man en la que Russel Crowe interpreta a un boxeador limpio de amaños, el promotor de sus combates le dice a quién apela a sus sentimientos: «El corazón y los sentimientos los tengo para mi familia, para los negocios empleo el cerebro».

¿Dónde ha estado el cerebro de Sánchez y Rivera durante, al menos, estos seis últimos meses? Estaba dominado por los oscuros sentimientos de odio sarraceno a Rajoy, ese odio que les ha llevado a ellos y a sus partidos a caer en las catacumbas de la política, y puede que a permanecer en ellas durante mucho tiempo.

Pablo Iglesias y sus huestes populistas han sido dominadas por otro sentimiento tan nefasto como el odio: la soberbia. Ya con el resultado de la encuesta a pie de urna, sin esperar a que hubiera resultados oficiales, se veían ganadores sobre el PSOE al que le ofrecían un puestecito en el gobierno naturalmente presidido por Iglesias.

A las 11 de la noche sus caras eran todo un poema de estupefacción y estupor al ver los resultados oficiales. Gestos de interrogación en sus rostros, los ojos perdidos en un horizonte sin horizonte y le pregunta: ¿cómo es posible que a nosotros que somos los buenos, los inmaculados, los impolutos, los que traen la buena nueva de un nuevo evangelio en el que no habrá injusticia, ni pobreza; no nos hayan votado todos los españoles?

La soberbia de Pablo Iglesias en particular y de su partido en general se ha ido manifestando a lo largo de estos meses en la creencia de que ¿cómo no le van a votar los españoles a ellos, los arcangélicos enviados de los dioses?
Los barones del PSOE han pecado de cobardía. Ya lo hicieron a raíz del resultado del 20D, momento en el que debieron para los pies a Pedro Sánchez. No lo hicieron temerosos de perder poder, y al ser pusilánimes y cobardes consintieron todo a Pedro Sánchez. Ahora el PSOE está hundido en un pozo en el que nadie ni siquiera soñaba en sus más negras pesadillas: que un partido centenario y que ha aportado tanto a España vaya camino de ser un partido residual a poco que se descuiden.

Algunos se dirán que Pedro Sánchez y Rivera rectificaran tras los resultados malos que han obtenido. Pero parece que no, que su odio, su resentimiento y su ceguera persisten, ambos ha dicho que, de ninguna de las maneras, apoyarán a Rajoy. No han dado ninguna razón porque en sus cerebros la razón ha sido desterrada para dar paso al odio.

Con odio, con soberbia y con cobardía no se puede uno erigir en conductor de un proyecto, sobre todo si ese proyecto es, nada más y nada menos, que ponerse al frente de los destinos de España.

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