Santiago López Castillo

Cuando el pacto choca contra la soberbia

Cuando el pacto choca contra la soberbia
Santiago López Castillo. PD

Ni la derrota electoral. Ni la bajada de temperatura política, ni la subida de la temperatura atmosférica, hacen cambiar a estos insensatos. Sánchez, el vanidoso del escaparate, no en balde es el genuino empleado de caballeros de El Corte Inglés, y Albert Rivera, por mí llamado el Niño de la Bola o de la trola, siguen despreciando al ganador por segunda vez consecutiva de las elecciones.

Imponen condiciones, conversaciones a dos, a tres o a cuatro bandas como en el billar. Pero ¿quiénes se han creído que son? Pues, miren, uno el mayor derrotado del socialismo; el otro, un perdedor que dice que aquí no hay vetos y sigue vetando a mariano Rajoy. Pedro, pedrito, pedrete, se quedó mudo después del batacazo electoral. Pero su cohorte pretoriana sigue echando espumarajos por la boca. Rivera el viejo, con uve, que denomino así al uso del pintor, ya quisiera, es un cascarrabias con muchos zigzagueos políticos y al que en el 20-N se le vio el plumero: echarse en manos de la izquierda socialista y el pueblo, que no es tonto, descubrió sus intenciones. Sus valedores políticos, entre ellos Albert Boadella -y yo que le creía muy inteligente, el director teatral, se entiende- le aconsejan que no ponga trabas y pacte con el líder popular. Lo contrario, sería ir contra natura.

El Ripalda, que aun rescato de mi niñez, considera la soberbia como uno de los siete pecados capitales. El primero. ¿Y qué hacer contra la soberbia?, pregunta el catecismo.

Respuesta: Humildad.

P – ¿Y qué cosa es soberbia?

R- Apetito desordenado de ser a otros preferido.

Y resulta significativo que su lugarteniente, Juan Carlos Girauta sobre quien escribí en estas páginas el artículo «Quién te ha visto y quién te ve» (6 – IV-16), personaje que militó en el PSOE, sienta añoranza ahora de volver a abrazar los postulados socialistas (también se comenta que Riverita, el breve, va hacia ese camino, fue sindicalista de UGT, pero yo, humildemente, me siento orgulloso de haber militado en el Real Madrid, mi equipo y mi partido. O como elogiosamente me decía don Santiago Bernabéu: «Santiago, tú eres del régimen. Del régimen del Real Madrid».

Estos chiquilicuatres de la capital del Reino siguen haciendo el gilipollas. Haciendo realidad la teoría de la necedad, y perdón por el pareado, a la que se han apuntado estos emergentes que tiran para atrás.

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