Gabriel Albiac

«Sin un gobierno de unidad nacional, la tentación totalitaria retornará con más fuerza»

"Sin un gobierno de unidad nacional, la tentación totalitaria retornará con más fuerza"
Gabriel Albiac. PD

Gabriel Albiac reclama un gobierno de unidad nacional, es decir la famosa gran coalición, para alejar por siempre la tentación del populismo:

Podemos es el síntoma. Tan sólo. De una enfermedad sistémica. Deberíamos dejar de perder el tiempo hablando de él: darle vueltas a un síntoma sirve sólo para cronificarlo. Un síntoma es una señal de alarma: nos dice que algo ha empezado a no funcionar en el organismo en el cual se manifiesta. Ignorar ese tipo de avisos o pretender borrarlos sin atacar su origen es la vía segura al progreso de la patología.

P’s es criatura de un malestar, que estalló en dos picos febriles. El primero coincide con la hora más dramática de la España reciente. Cuando Rodríguez Zapatero apostó por ganar unas elecciones que tenía perdidas, lanzando a bandas de jóvenes airados contra las sedes del PP. 2004, 11-M. Era un envite arriesgadísimo: suponía saltarse el principio vital que une a cualquier nación frente a un ataque militar enemigo. E implicaba, en su lógica, la rendición inmediata. Y, con ella, todas las secuelas morales que una rendición sin combate arrastra. Iglesias ha fechado siempre el origen de su banda y luego movimiento en aquel asalto -promovido desde emisoras bajo control socialista- contra la sede de Génova. Pero ni banda ni movimiento son la clave. Lo es aquel PSOE de Zapatero, que juzgó rentable tomar el poder al precio de destruir moralmente a la nación. Hay lógica blindada en que Iglesias proclame hoy a Zapatero «el mejor presidente». Y debería haberla en que el PSOE sepa hoy que está obligado a quitarse aquella mácula de encima.

Recuerda que:

El segundo pico fue hijo de la crisis: ocupación de Sol en 2011. Era una determinación difícilmente eludible. Las criaturas de la recesión tomaban la calle. Nadie podría reprochárselo. La gran depresión de 1929 arrojó al desvalimiento a enormes masas de proletariado rural y urbano. La de 2008 se cebó con una risueña capa de privilegiados: los hijos de la pequeña burguesía vieron sus puestos de trabajo diezmados por la mundialización y la revolución telemática. Masas de jóvenes con cualificación académica descubrieron que sus títulos no servían ya para nada. Y que quedaban condenados a vivir en el hogar y bajo la tutela familiar indefinidamente. Su estupor fue absoluto. Ante ellos se abría sólo el horizonte parasitario de la dependencia. Y nadie acertó a proponer una salida realista a ese drama. Y, al cabo, alguien acabó por ofrecerles una fantasiosa. P’s no ha sido más que la capitalización que, en beneficio propio, hizo de ese malestar una banda de penenes avispados. Su cobertura ideológica es simple coartada. Se trataba de colocarse a sí mismos: una ingeniosa variedad de autoempleo. De ahí que sus deslizamientos doctrinarios hayan sido tan fáciles: del castrismo al chavismo, del chavismo al peronismo, del peronismo a la socialdemocracia zapaterista, de la socialdemocracia zapaterista a «la ley y el orden»… Lo que sea. Con tal de que el sueldo y el estatus alcanzados no se esfumen.

PP y PSOE deben afrontar la acerba realidad: que ellos son el problema y que la enfermedad de la cual P’s es síntoma viene de sus abusos. Pocas cosas detesto tanto cuanto a las gentes de GAL y Filesa. Pocas me dan más asco que las de Bárcenas o Rita. Pero ellos -nos guste o no, más bien no- son el esqueleto del Estado. Y sobre ellos recae la responsabilidad de que el régimen constitucional sobreviva al embate. Sobre ellos y sobre Ciudadanos.

La ciudadanía dictó el 26-J un mandato inequívoco: sin un gobierno de unidad nacional, la tentación totalitaria retornará con más fuerza. Y lo peor será posible. Podemos es sólo el síntoma.

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Autor

Juan Velarde

Delegado de la filial de Periodista Digital en el Archipiélago, Canarias8. Actualmente es redactor en Madrid en Periodista Digital.

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