Esther Esteban

EEUU: Armas, racismo y voluntad política

Ayer a primera hora de la mañana ya eran cinco los policías muertos y al menos seis habían resultado heridos al recibir los disparos de dos francotiradores durante las protestas en Dallas por la muerte de dos afroamericanos a manos de policías blancos en Lousiana y Minnesota.

Un balance siniestro que deja otra vez al descubierto no solo que asuntos como la xenofobia y los conflictos raciales, lejos de darse por superados en el pasado siglo, siguen estando a la orden del día, sino que el uso de las armas es un tema enquistado en el país que presume de ser el más poderoso y avanzado de la tierra.

Las protestas se convocaron a raíz de la muerte a manos de la Policía del joven Philando Castile, el último afroamericano abatido por la policía en el suburbio de Falcon Heights (Minnesota) después de que le dieran el alto en su vehículo por llevar una luz rota.

A Castile le dispararon, presuntamente, cuando avisó al policía de que llevaba un arma e intentó darle la licencia de conducir y el permiso de armas como el agente le había pedido, según explicó su prometida Diamond Reynolds, que se encontraba en el vehículo con él y con su hija. Reynolds grabó lo ocurrido tras los disparos y lo difundió en vivo, imágenes que provocaron una gran indignación.

La muerte de Castile, de 32 años, se produjo además cuando la sociedad aún seguía conmocionada por el trágico incidente el que murió otro joven de 37 años, Alton Sterling, mientras era reducido por dos agentes a las puertas de una tienda donde parece ser que estaba vendiendo CDs en Baton Rouge (Louisiana). Su descripción correspondía con la que una persona anónima había dado al denunciar telefónicamente que había sido apuntada con una pistola.

Estos son solo dos ejemplos de los muchos que se producen prácticamente en todos los estados de EEUU. El presidente Obama, que se mostró horrorizado por lo que parece una ejecución organizada de los policías, dijo ayer que «cuando se permite a la gente tener armas de ataque poderosas, este tipo de situaciones son mucho más trágicas» y añadió que «los policías se encuentran ante una tarea difícil, y lo que hacen es su trabajo, además de una manera más que adecuada». Así salía al paso de las críticas sobre lo poco que se ha notado su mandato en un tema tan polémico.

Que la maldad existe es un hecho, pero además el culto a las armas de fuego y su utilización como un componente cultural más está en el origen de sucesos de este tipo. No es casual que sea allí donde más masacres indiscriminadas y de todo tipo se producen, tal vez porque las leyes y políticas sobre armas son demasiado permisivas.

En la última encuesta que se ha realizado, un 62% de los estadounidenses están descontentos con las políticas al respecto del Gobierno de Estados Unidos, el mayor porcentaje de insatisfacción desde el 2001, el cual ha aumentado 11 puntos desde el 2005 un año lleno de tiroteos masivos.

De hecho, nadie sabe con certeza cuántas armas de fuego hay en ese país. El Congreso nunca ha autorizado una base de datos sobre el tema y tampoco hay estadísticas oficiales sobre la gente que muere por armas en el país. Hay algunas estimaciones según las cuales un 52,8% de los hogares en Estados Unidos tiene al menos un arma y hay más armas que habitantes.

Con esos datos no hay más que decir salvo que el derecho a la posesión de armas en teoría con fines defensivos está plenamente reconocido en Estados Unidos, donde los grupos de presión son muy poderosos y partidarios de mantener e incluso hacer más permisivas las leyes.

Los defensores del derecho a tener armas suelen esgrimir, además de la segunda enmienda de la Constitución –que recogió el derecho a poseer armas–, la novena, que declara que ninguna ley puede violar derechos de los ciudadanos previamente reconocidos. Es decir, que el derecho a poseer armas existía antes de la enmienda y antes de la independencia de Estados Unidos y no puede ser conculcado.

El argumento ha sido rebatido muchas veces y expertos en la materia dicen que lo que falta es voluntad política, cosa que yo comparto. Ningún presidente ni demócrata ni republicano ha querido abordar ese tema en profundidad, y de esos polvos… estos lodos.

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