Laureano Benítez Grande-Caballero

Romance de las trescientas rosas

Romance de las trescientas rosas
Laureano Benítez Grande-Caballero. PD

Verde que te quiero verde.
Verde viento, verdes ramas.
Pedrito sobre la mar,
y Pablete en la montaña.
Con la sombra en sus cinturas,
sueñan en sus bancadas.
Verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.

Sueñan con asaltar los cielos,
con una gaviota sin alas.
Bellidos Dolfos conchabados,
de la mar océana piratas
-¿ves en el mástil una calavera
con las tibias cruzadas?-,
cambian votos y escaños
en sentinas y cloacas.

Por los montes ofreciendo pactos
va el Coleta morada,
barba rala, puño en alto,
y boina de Che Guevara,
partisano y comandante,
luciendo camisa blanca.

Grandes estrellas de niebla
están anunciando el alba,
contubernio a contubernio,
trapicheando en sus bancadas,
mientras Rajoy, gato garduño,
eriza sus pitas agrias.

¿Quién nos gobernará? ¿Y por cuánto?
«Rajoy, quiero cambiar
mi barquito por tu casa,
mis escaños por los tuyos,
mi rosa por tu barba.
Compadre, vengo sangrando
desde la playa de Mojácar».

Sangrando estoy yo también,
de ver a estos vendepatrias,
pues ni yo ya soy yo,
ni mi España es ya mi España.
Herida está de muerte
desde Cádiz a Cantabria.
La sangre rezuma y huele
alrededor de mi Patria.
Trescientas rosas morenas
pondrán en su guirnalda
los traficantes de votos,
los profetas de la nada.

Ya suben los dos compadres
hacia las altas barandas,
dejando un rastro de sangre,
dejando un rastro de lágrimas.
¡Cómo tiemblan de espanto, madre,
los faroles de la madrugada!
Porque yo ya no soy yo,
Ni mi España es ya mi España.

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