Santiago López Castillo

El voto del miedo

El voto del miedo
Santiago López Castillo. PD

Animaba yo a mi santa tras la rotura de una cadera que anduviera un poco para la rehabilitación. Movía el dedo índice como un parabrisas. Gesto que iba acompañado de «el miedo es libre». Tenía 92 años. Ahora, tras las elecciones del 26-J, los enemigos del PP, en vez de hacer acto de contrición por su fracaso electoral, sacan a pasear lo del voto del miedo, toda una cantinela. Se puede votar por convicción, por interés o por perturbación angustiosa del ánimo ante un daño real o imaginario, dicho en fino por la RAE.

Argumentan estos odiadores de Rajoy y su partido que el PP sacaba a pasear la realidad de Venezuela para conseguir réditos electorales; o sea, denunciar miseria, corrupción y prepotencia en el país caribeño. Una realidad tozuda que sólo los fervientes admiradores del comunismo niegan. Una gran parte de la población cayó en la cuenta, se cayó de un guindo (aún quedan cinco millones de ilusos), y negaron el voto a esta formación política que lidera El Coleta. Todo para el pueblo pero sin el pueblo. Viva la subvención de Venezuela e Irán y volverán. Algunas mentes reflexivas se palparon los bolsillos, que, aun flacos, anhelan cobijar dineros, después de una España en quiebra como la dejó Zapatero. Miraron y remiraron sus posesiones, sus libretas de ahorro y su sanidad y la escolaridad de sus hijos, incluidas las pensiones que, pese al dóberman socialista, seguían intactas y sólo ZP congeló la cuantía de las jubilaciones, y eso que venía la derecha, manda huevos. Asimismo, los ahorros servían para ir tirando, también el utilitario y el presupuesto para la gasolina.

Eso en las gentes menos favorecidas. Pero también en la estricta clase media que soportó estoicamente la crisis y vio peligrar su segunda vivienda, su apartamento en Torrevieja, la casa paterna heredada y labrada con el sudor de su frente; los ahorros de toda una vida. Eso en cuanto a lo material. ¿Y los valores del alma? Quiero decir la libertad. Valor supremo del hombre, nada de melifluas concreciones del ser humano. El marxismo-leninismo niega el individuo y ensalza el Estado, gestor y dador de vida.
Un gacetillero al servicio de los anti-sistema comenta que el Partido Popular dejará de hablar de Venezuela hasta el 2020, dando por sentado que fructificará esta legislatura y a lo peor habrá que esperarla sentados. No, mequetrefe, no: no hace falta que el partido de Rajoy haga referencia constante a la dictadura de Maduro y sus chavistas. Este sistema bolivariano, marxista-leninista, se propaga por sí mismo a los cuatro vientos. Sin alimentos básicos, sin papel higiénico para limpiarse el culo y sin medicinas, la ciudadanía es un éxodo hacia Colombia para satisfacer los mínimos de vida. Y eso tú, pardillo, junta letras, no lo percibes porque estás en la mamandurria del populismo.

Ya lo decía Lenin en su decálogo de 1913: «Divide la población en grupos antagónicos, incitando discusiones sobre asuntos sociales». Para concluir así: «La democracia es una lacra de la burguesía». La prefiero a una dictadura de izquierdas. Muerte y miseria.

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