Esther Esteban

Niza: El camión de la muerte

Niza: El camión de la muerte
Una de las víctimas de Niza TV

He leído estos días que los teóricos de la yihad recomendaban como la mejor manera de evitar la filtración de sus macabros planes, el uso de lobos solitarios o «grupos autónomos muy pequeños» que pusieran en marcha «una yihad individual».

Aun no sabemos si el denominado Estado Islámico ha sido, otra vez, el causante de esa orgía de sangre y dolor provocada en Niza, pero sí sabemos que uno de los últimos vídeos que han colgado en la web recomendaba a sus acólitos «usar todo lo que se tenga a mano para causar terror».

La imagen de ese camión de la muerte, que se ha llevado por delante la vida de más de 80 personas y ha dejado malheridas a un centenar, desgraciadamente en España no nos es ajena.

Muchos inocentes fueron asesinados a manos de ETA con sus mortíferos coches bomba y dejaron también en nuestro país un sombrío paisaje de terror, sangre, y desolación. Aquí como allí, se ha asesinado brutalmente, utilizando como excusa la política o la religión ¡qué más da!, pero es solo eso, una miserable excusa para captar a incautos o malvados.

El paseo de los ingleses en Niza no era un campo de batalla sino un paseo marítimo, un lugar turístico donde familias completas celebraban el 14 de julio disfrutando de los fuegos artificiales.

Todos ellos eran ajenos a que el atropello, como fórmula de ataque, apareció ya en la revista Inspire en el año 2010, antes de que el IS le hiciera sombra a la organización que por aquel entonces lideraba Osama Bin Laden. «Le damos a nuestros lectores sugerencias de como llevar a cabo la yihad individual. Aquí una idea de como un musulmán podría hacerla.

Es una idea sencilla y no requiere mucha preparación. Todo lo que se necesita es la voluntad de dar la vida por Alá», reseñaba el artículo del que ayer se hacía eco El Mundo.

«La idea es usar una camioneta como si fuera una cortadora de césped, no para segar la hierba sino para acribillar a los enemigos de Alá», apunta el texto que recomendaba elegir «los lugares más concurridos» y llevar armas si se tienen al alcance porque «hay algunos espacios que son cerrados a los vehículos en determinados momentos por la concentración de personas», subrayaba el texto donde, por cierto, se citaba a Francia como uno de los países donde realizar «la operación de martirio».

Ahora la pregunta que se hacen todos es ¿cómo es posible que un camión de ese tamaño penetrara en una zona que se había convertido en peatonal por las fiestas? Y si es factible que el autor de la masacre pudiera actuar solo.

A medida que avance la investigación tendremos respuestas a nuestras preguntas pero lo cierto es que estamos en una guerra cruenta muy difícil de batallar porque no tiene fronteras, ni ejércitos, ni objetivos precisos y porque todos somos enemigos de unos asesinos que se regocijan matando en nombre de un Dios inexistente y despiadado que es en realidad una excusa para la sumisión y el adoctrinamiento de gente pusilánime, para llevar a un grado máximo la maldad humana.

Lo de Niza ha sido un escenario dantesco que lo, que pretende, una vez más, es el amedrentamiento, sembrar el miedo y que ese miedo nos paralice y eso no va a ocurrir. Francia ha sido últimamente el lugar elegido, pero el objetivo es Europa y Occidente y todo lo que nuestra cultura representa en términos de democracia y libertad. Son asesinos, fanáticos que han vuelto a provocar una carnicería y sembrado de cadáveres el bulevard marítimo de la localidad francesa, pero para realizar sus actos necesitan de muchas complicidades y por eso ni podemos ni debemos bajar la guardia.

Hoy les ha tocado a las familias que estaban disfrutando de una cálida noche de verano en Niza pero mañana el objetivo podemos ser nosotros o los nuestros. Nadie está a salvo y por eso aunque nos tiemblen las piernas y se nos rompa el corazón por lo vivido y sufrido, no podemos hacer dejación en la defensa de nuestros valores de libertad, igualdad y solidaridad, esos que hemos sabido construir a lo largo de la historia y debemos defender cueste lo que cueste. Si unos caen, otros cogeremos el testigo porque ni nos arrodillamos ni van a derrotarnos nunca. ¡Basta ya!

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