Laureano Benítez Grande-Caballero

Llanto por Niza, mon amour

Llanto por Niza, mon amour
Laureano Benítez Grande-Caballero. PD

Niza, mon amour. Niños envueltos en blancas sábanas. Una espuerta de cal ya prevenida. Todo era muerte y solo muerte, mientras el viento se llevaba los algodones.
Niza, mon amour. Y el camión «Islero» solo, Niza arriba, corneando con sus pitones desolados de cristal y acero, mientras Francia se cubría de yodo nuevamente.

Niza, mon amour. La muerte puso huevos en sus calles, mugía por sus plazas, mientras el gentío rompía las ventanas, y el apocalipsis se veía a lo lejos, llenando de sauces las barreras.

Niza, mon amour. Jazmines derrotados, llanto y rechinar de dientes. Por Niza deambula Europa, con toda su muerte a cuestas, sin amanecer, con sus venas abiertas de par en par por los tendidos, con su sangre vertiéndose a chorros por la arena. ¡No, que no quiero verla!

Niza, mon amour. Negros toros de pena, ruiseñores aplastados por los mayorales de la niebla, lágrimas derramándose sobre la flor de las calaveras, lamentos arrebatados por una brisa triste que barre sus calles y los mundos.

Niza, mon amour. Otra vez el heteropatriarcado asesino, el machismo terrorista avasallando inocentes Europa arriba, desparramando cadáveres por calles ensangrentadas, tronchando las azucenas del mundo.

Niza, mon amour. Otra vez la decrépita Europa expiando sus culpas, recibiendo su merecido de parte de unos justicieros iluminados, bandoleros de Dios, ajustadores de cuentas impagadas.

Niza, mon amour. Aquí quiero ver yo a las 124 personalidades de la progresía izquierdosa -entre las que figuraban Monedero y otros podemitas- que firmaron un manifiesto en el que reclamaban una intervención en Siria para frenar la represión contra los «rebeldes». También se alzaron voces de esa progresía para defender la intervención en Irak y Libia.

Niza, mon amour. Aquí quiero ver yo a los podemitas que defecan y bailan sobre la tumba de los toreros, que escupen sobre sus familias, que se rasgan las vestiduras ante un toro muerto. Aquí quiero verlos, a esos que amenazan a los toreros con una voz dura, llena de pedernales, los malnacidos que gritan que Víctor Barrio era un asesino y desean ver muerta a su familia.
Niza, mon amour.

Aquí quiero verlos, condenando contundentemente al yihadismo que empitonó a Niza, a Francia, a Europa, a la civilización. Aquí quiero verlos, delante de esta dura piedra de dolor, delante de esos cuerpos con las riendas quebradas, devastados por azufres y minotauros, que en un raso negro se destrozan.

Niza, mon amour.

Que me miren a la cara y me digan que yo tengo la culpa, que fue un accidente de tráfico, que Lucifer y sus huestes fueron liberados en las Azores, que Aznar es el responsable, que Manolete tuvo su responsabilidad.

Niza, mon amour. Aquí quiero oírlos, a los que van como locos por montes y riberas porque han matado un toro, mientras proclaman el aborto libre, con «Islero» desbocado, solo, feto arriba, niño torturado por el caliente bramido de los bisturíes, banderillas de fuego, pitones desolados para los que no hay barrera posible.
Niza, mon amour. ¿Qué dicen los podemitas? ¿Qué dicen?: Niza fue víctima de un delincuente. Un silencio con hedores reposa, ante cuerpos que se esfuman, con unas formas claras que tuvieron ruiseñores, y ahora las vemos llenarse de agujeros sin fondo.

Niza, mon amour. Requiem. Porque se han muerto para siempre, como todos los muertos de la Tierra, como todos los muertos que se olvidan en un montón de toros apagados.
¡No, que no quiero verlos!

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