Julia Navarro

Turquía, Erdogan, Alá y la represión: ¡Menudo aliado!

Sin duda el Partido de la Justicia y Desarrollo de Tayyip Erdogan viene ganando democráticamente las elecciones en Turquía de manera que gobiernan con toda legitimidad, de ahí que el intento de golpe de estado produzca un rechazo sin paliativos por parte de los demócratas.

Pero dicho esto hay que añadir que la respuesta de Erdogan al intento fallido de los golpistas produce cuanto menos inquietud.

Más de seis mil personas detenidas es una cifra que lo que indica es que el presidente Erdogan está aprovechando para eliminar a todos sus opositores políticos, algo que viene haciendo de manera reiterada desde que llegó al poder. Y es que Erdogan se suele mover en el filo de lo que es aceptable en democracia y no son pocas las ocasiones en que su manera de actuar vulnera precisamente las garantías que son comunes en cualquier democracia.

Erdogan persigue a los periodistas que no le son afines, hay unos cuantos en la cárcel porque no tolera la menor critica, tiene la guerra declarada a las redes sociales, ha recortado libertades y viene islamizando con empeño la sociedad turca, además de mantener una actitud ambigua respecto al Estado Islámico. Sus declaraciones sobre el papel de las mujeres en la sociedad ponen los pelos de punta. Por ejemplo ha dicho que para él las mujeres que no tiene hijos están incompletas. Por eso no es extraño que hasta su propia esposa se descolgara un día defendiendo el harén de la época otomana como un lugar «donde se preparaba a las mujeres para la vida». Así se las gastan.

Y es que una cosa es ganar las elecciones democráticamente y otra muy diferente ser un demócrata. Y Erdogan y su partido ganan las elecciones democráticamente pero no son demócratas al menos como entendemos la democracia en Occidente.

Eso sí, en Occidente se mira hacia otro lado ante los cada vez más preocupantes tics autoritarios de Erdogan simplemente porque se necesita a Turquía como aliado y ya se sabe cuando hay intereses de por medio nuestros gobiernos se caracterizan por la hipocresía.

Lo cierto es que apenas queda nada de la Turquía de Kemal Atatürk que fue quien se empeñó en que su país latiera al ritmo de los nuevos tiempos.

Pero Erdogan sueña con ser el nuevo sultán del Mediterráneo y lo cierto es que tiene acoquinadas a los gobiernos occidentales puesto que Turquía es un miembro importante para la OTAN.

Así que como la excusa del intento fallido del golpe de estado Erdogan está aniquilando los restos de la oposición que aún tenía bajo la mirada preocupada pero pusilánime de Occidente a pesar que muestra su preocupación pero no alza la voz.

Resulta preocupante que Erdogan parezca decidido a restaurar la pena de muerte precisamente a raíz de esta intentona golpista y que le puede llevar a eliminar físicamente a sus adversarios políticos.

Así las cosas nuestros gobernantes deberían de ser más cautos en las relaciones con Turquía y dejar de mirar a otro lado ante las derivas autoritarias de Erdogan. Y sobre todo no jugar con la posibilidad de que Turquía pueda formar parte de la UE algo que cambiaría a la propia Union Europea y sería una fuente de conflictos inimaginables. Otra cosa es que Turquía tenga un tratado de comercio con la UE. En fin que Tayyip Erdogan es un aliado sí, pero ¡menudo aliado!

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