Fermín Bocos

La Mesa del Congreso y los votos fantasmas

Anda la opinión publicada muy inquieta a cuenta de la desconocida identidad de 10 diputados que no siendo del PP ni de Ciudadanos inopinadamente apoyaron la conformación de la Mesa del Congreso.

Todas la miradas apuntan a la antigua Convergencia (Francesc Homs) y al siempre pragmático PNV (Aitor Esteban). Los señalados se han apresurado a negar y dado que el voto es secreto y la votación se realizó en urna no hay forma de averiguarlo. ¿Tanta importancia tiene la cosa?

En puridad no debería haber pasado del terreno de la anécdota que se explica en la muy arraigada tradición parlamentaria del intercambio de cromos. Lo que esta vez convierte el asunto en excepcional es lo que pueda tener de pista respecto de las nuevas y decisivas votaciones que están por venir. La primera de todas la investidura de Mariano Rajoy.

La segunda si lo sucedido pudiera ser una anticipo de algún tipo de acuerdo o pacto de más envergadura. Solo la tendencia (mala en este caso) a no dar al rival ni los buenos días convierte los cabildeos post electorales en el campo de Agramante que padecemos.

Se ha dicho que si los diputados de lo que antes se hacía llamar Convergencia han votado como lo han hecho es a cambio de que el PP apoye a este partido para conseguir un grupo parlamentario que ahora no está a su alcance por haber conseguido un respaldo electoral escaso, por debajo del que marca el Reglamento de las Cortes. Tener Grupo propio aporta subvenciones y visibilidad.

Estoy seguro que Homs lo conseguirá. Como han conseguido los vascos del PNV un puesto en la Mesa del Senado. Un «Do ut des» que no debería llamar la atención de no ser porque los de la antes llamada Convergencia andan metidos en el laberinto del desafío soberanista y desde el PP se había dicho que con los separatistas, ni agua. La política es el arte de lo posible.

No es mala noticia que los separatistas quieran estar en las instituciones. A lo mejor están buscando el camino de retorno. En cualquier caso son ellos quienes tienen que resolver su esquizofrenia. Mientras tanto, bienvenidos sean los votos fantasmas.

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