Laureano Benitez Grande-Caballero

Rajoy: a día de hoy de entrada no es no

Rajoy: a día de hoy de entrada no es no
Laureano Benítez Grande-Caballero. PD

La democracia española ha dejado para la posteridad un buen puñado de frases sabrosas, de esas que pasan a los libros de citas y se convierten en lugares comunes, en muletillas, en modismos que pasan al acervo popular.

Por ejemplo, recuerden aquel «Puedo prometer y prometo» de Suárez; el «Váyase sorsáles» aznariano; y el «¿Por qué no te callas?» juancarlista.

A esta pléyade se nos acaba de unir, como no podía ser menos, el ínclito Pedro Sánchez, descubridor del ya famoso «no es no, y no».

A mí esto me recuerda las perogrulladas de Vujadin Boskov, uno de los más eximios gurús que ha tenido el fútbol, cuando, en un día de especial iluminación, dejó para el porvenir aquello de: «Goles son goles; puntos son puntos; positivos son positivos»… Pare terminar con un extraordinario colofón, que puso la guinda a su perogrullada futbolera: «Fútbol es fútbol».

Traduciendo al lenguaje político, Pedro Sánchez diría, muy serio y con pose de gran solemnidad, como quien escancia sabiduría iniciática en mentes incapaces de entenderle: «Votos son votos; escaños son escaños; política es política»… Y, como remate final: «No es no». Chapeau, maestro.

En el Diccionario de la RAE se define a la perogrullada como «verdad o certeza que, por notoriamente sabida, es necedad o simpleza decirla». En efecto, la perogrullada es una redundancia retórica, donde la definición es una repetición del enunciado. Por ejemplo: «ha amanecido porque es de día»; «a la mano cerrada se la llama puño»; «cuatro huevos son dos pares»; «cuando no se tiene frío, es que se ha entrado en calor»; «al que le quitan la vida, de seguro le matan». Como se ve, las perogrulladas denotan poca inteligencia e imaginación en el que las declama como quien ha descubierto la rueda: «No es no». Ole y Ole.

Era de esperar que Pedro se descolgara con esta perogrullada porque su mismo nombre le invita a estas «boutades», es decir, a estas salidas de tono que pretenden ser ingeniosas, pero que frecuentemente caen en el ridículo.

Su nombre proviene de su legendario creador, un personaje mítico conocido como Pedro Grullo, cuya historicidad es difícil de demostrar. Para José Godoy Alcántara, el personaje existió, en el siglo XIII, y fue «Coetáneo de Pedro Mentiras, si es que se trata del que ha hecho célebre la naturalidad de las verdades». Vaya, así que ya tenemos otra pista para nuestro Pedro Sánchez: además de «Grullo», también podría apellidarse «Mentiras»…

En todo caso, la invención del vocablo «perogrullada» se debió a Quevedo, quien, en su libro «Los sueños» (1622) presenta diez profecías del «profeta» Pero Grullo. Por ejemplo: «El que tuviere tendrá,/ será el casado marido, y el perdido más perdido quien menos guarda y más da»; «Si lloviere habrá lodos,/ y será cosa de ver/ que nadie podrá correr/ sin echar atrás los codos».

O sea, que Perogrullo era un personaje extravagante y ridículo que soltaba una risible sarta de sandeces a las que pretendía dar el valor de axiomas filosóficos de elevadísima sabiduría.

Nuestro Pedro «Grullo» Sánchez ocupa desde ya su peana en tan ilustre galería de perogilipolleces -otro nombre de las frases graciosillas de marras- cuando afirma que «No es no».

Si a esa afirmación infalible le añadimos -antes o después, porque el orden no altera el producto- el enigmático «a día de hoy» que dejó caer en su visita a Rajoy, la cosa se empieza a liar, porque con estas palabras parece que Pedro está insinuando que el asunto puede cambiar, con lo cual podría decir un día que «no es sí», y apoyar a Rajoy en su investidura, aunque sea con su abstención. Este cambio destrozaría la perogrullada, pero nos adentraría en las arenas movedizas de la paradoja, de la contradicción, de la cuadratura de los círculos. Y es que estos bandazos de «noes» y «síes» me recuerdan la genial frase de Grullo Marx: «Estos son mis principios, pero, si no le gustan, tengo otros».

Mas no crean que acaba aquí el embrollo lingüístico, porque se me viene ahora al recuerdo otra frase epatante de nuestra democracia, tan misteriosa de entender como descifrar dónde diablos está Wally, o quién mató a Kennedy. ¿Recuerdan aquel «OTAN, de entrada no», la frase sibilinamente diseñada en 1986 por la ingeniería socialista para no sacar a España de la OTAN, a pesar del rechazo mayoritario de la población? Frase que se podría traducir como «ni SÍ ni NO, sino todo lo contrario».
Pues, en mi opinión, el «no es no, y no» de Sánchez Grullo a Rajoy podría traducirse eufemísticamente como «Rajoy: de entrada NO», que implica que «de salida SÍ». Y es que, como dice la coplilla: «Ni contigo ni sin ti, tienen mis males remedio».

En el fondo, todo este galimatías es como deshojar una margarita, o como descifrar el código ENIGMA de la Segunda Guerra Mundial. Y es que de seguir tan enmarañada la vida política española, nos van a tener que dar descodificadores o traductores simultáneos para que nos enteremos de por dónde van los pactos y los contubernios, para saber si un no es un sí, o si un sí es un no.
Con todo, Pedro Grullo debería haber tomado nota del clamor del pueblo español, que en las dos últimas elecciones le ha dicho clarísimamente una perogrullada galáctica: «No es no, y no». Es decir, «no queremos que usted nos gobierne, ni a día de hoy ni a día de mañana»… Y lo más contundente: «Pedro Sánchez: de salida, SÍ».

Y, de mi cosecha, añado algunas perogrulladas más, que también podrían aplicarse al Sr. Turrión y sus cohortes: «Quien no saca más votos, es que ha perdido las elecciones»; «Cuanto más votos de diferencia saca el ganador, menos derecho tiene a gobernar el perdedor».
O sea: «una derrota es una derrota». Sí o sí.

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