Manuel del Rosal García

Al poder, solo el poder; España no importa

Al poder, solo el poder; España no importa
Manuel del Rosal García. PD

«Aquellos que buscan el poder cabalgando a lomos de un tigre, acaban dentro de él» John Fitzgerald Kennedy

Ayn Rand, filósofa y escritora estadounidense de origen ruso, decía: «La ambición de poder es una mala hierba que solo crece en el solar abandonado de una mente vacía»
Son milenios los que el ser humano lleva ambicionando poder.

No es malo el poder en sí mismo, es malo el uso que se hace de él. Incluso el poder puede posibilitar que el que lo posee ayude a personas, pueblos y naciones; mejore sus vidas y aporte lo necesario para la felicidad de quienes están gobernados por ese poder.

Pero, desgraciadamente, el poder siempre viene acompañado de egoísmo, de despotismo y de codicia. Esencialmente el poder es amoral y, como consecuencia de ello, solo ve las circunstancias que pueden favorecerle, aunque causen el mal.

Las 48 leyes del poder es un libro escrito por Robert Green. El autor nos muestra lo que las personas hacen por adquirir poder, por mantenerlo, por no perderlo. Por el poder se asesina – incluso a los familiares más directos – se tortura, se manipula, se hacen purgas – hace días hemos visto las purgas en Turquía – se encarcela, se peca con el incesto, se miente, se venden las almas y el honor.
Si alguna vez dudé, desde el pasado 20D las dudas se han disipado del todo: los políticos solo buscan el poder.

En el espacio de tiempo que va desde el 20D hasta hoy, el espectáculo de nuestros políticos por alcanzar el poder, es bochornoso. Poder y poder antes que nada. Ni España ni los españoles entran en sus cuentas, en las que solo entran el ansia bárbara de poder.

Están utilizándonos para alcanzar la mayor cuota de poder. Nos manipulan para hacernos creer que el poder no les importa, cuando es lo único que les importa. Ocultan sus intenciones para mantenernos desconcertados y desinformados. Van de buenos porque les interesa presentarnos una reputación de la que carecen. Culpan al otro de lo que está pasando, pero no hacen nada para evitarlo.

Se tienden entre si trampas y ejercen el tacticismo para sacar rédito del error del otro. Leyendo la obra de Green uno comprueba como nuestros políticos de esta nueva hornada, esos que prometieron ser los salvadores de España, demostrando ahora que España les importa un bledo, cumplen a la perfección esas 48 leyes del poder orientadas única y exclusivamente a obtener el poder, poseerlo y no perderlo; la única diferencia es que en la democracia se asesina por la espalda, pero con la palabra y el gesto, mientras en las antiguas cortes se asesinaba por la espalda con puñal. Nuestra democracia encierra, bajo un manto de púrpura, una olla de oscuras ambiciones, odio, envidia, ansia de poder, búsqueda de privilegios.

Nuestros nuevos políticos ocultan su ansia de poder tras las palabras y las frases. Una de ellas, quizá la más repetida es «La necesidad de cambio» ocultando que si llegan al poder ese cambio será mínimo o no será, cumpliendo la máxima de Lampedusa «Cambiarlo todo, para que nada cambie» El único que cambio que buscan estos nuevos políticos es el cambio de su estatus social y económico por medio de la política. Mientras, España languidece en este verano donde las noticias, al contrario que otros años, ya no hablan del calor, sino del frío de un país que lleva camino de batir el record de elecciones para buscar gobierno porque, unos políticos están de continuo poniendo piedras en el camino de quien saca 52 diputados al segundo partido más votado y 107 al cuarto, cuyos líderes tan solo buscan salvarse ellos, poner una trampa a Rajoy y llegar al poder aunque el gobierno que salga de sus intrigas sea algo peor que no tener gobierno. España no importa, importa el poder.

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