Carlos Taboada

Trump, casi predestinado

Trump, casi predestinado
Carlos Taboada. PD

«Paso de buey, diente de lobo, ojo de águila y hacerse el bobo» encaja en el candidato republicano el próximo noviembre a la Casa Blanca, Donald Trump.

Avanza como el bisonte americano, clava feroz sus colmillos dialecticos, observa la realidad desde la omnipotencia como rico-rico y sabe hacerse el tonto como si no hubiera pisado un huevo.

Es un personaje cuya vida parece predestinada. Forres Gun es un remedo falso de la biografía de un hombre de éxito que en 1982 construyo el rascacielos más lujoso de Manhattan con las tiendas más caras de la V Avenida. La opulencia, el dinero, la capacidad de superación y la diosa Fortuna pueden hacer realidad lo impensable hace un año. Trump puede ganar a Hillary Clinton, según algunos sondeos.

En su discurso el viernes como candidato oficial en la convención republicana, celebrada en Cleveland, Donal Trump, actuó como es: histriónico, estilo, voz y timbre cuasi de enajenado pero sin decir nada que no quiera porque lee sus discursos sobre unas pantallas semi-invisibles.

El plano medio de TV del discurso ya como aspirante oficial al puesto, quizá, más poderoso del mundo, esconde claves que a los especialistas no se les escapa.
La tensión sanguínea del sujeto, a tenor de tono encendido del rostro, predicen un sincope en pleno escenario que, también, enriquece la historia del hombre de negocios multimillonario que llega a presidente de los EE UU.

Los gestos de la cara, el juego de los parpados, los músculos faciales combinados con el ritmo y la entonación de su discurso, describen un personaje diferente, curioso, fuera del molde. Para entendernos, todo lo contrario que el presidente Mariano Rajoy que hace de su común denominador con el pueblo, la fortaleza de su relato. Trump es un rupturista que sintoniza con los votantes porque es un hombre de acción y quiere cambiar la realidad.

A Hillary Clinton la quiere meter en la cárcel y a otros cuantos dirigentes «de Big Business, media y donantes que han renunciado a defender los interés generales para mantenerse ellos en los privilegios y poder». Con él, nadie duda, que llegará el cambio pero ¿para mejor?

El populismo, la prepotencia, la clarividencia, el éxito multimillonario, la falta de experiencia en gestionar instituciones describen un entorno lleno de riesgos y peligros insospechados si Trump se sienta en el despacho oval de la White House.

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