Eleonora Bruzual

Y decapitaron la sacralidad de la vida

Y decapitaron la sacralidad de la vida
La periodista Eleonora Bruzual. PD

Hoy repetiré lo que he dicho durante años. Repetiré lo que hay que gritar y denunciar aunque muchas veces -casi todas- sintamos que es inútil hacerlo porque nos dirigimos a sordos, a insensibles, a cómodos, a irresponsables, a amorales, a cobardes.

Julio sangriento este de 2016 donde la furia asesina trajeada de religión cobra tantas vidas como la permisividad y la claudicación permite.

Se abrió el primer día del mes con el asalto de un comando terrorista que tomó como rehenes a los comensales de un restaurante en Dacca, la capital de Bangladesh; terminó con 22 personas muertas. Después, el 14 de julio, Niza dejó de ser esa ciudad bonita para convertirse en sangriento escenario de la letalidad del pensamiento fanático decidido a cobrarse tantas vidas como fuera posible antes de ser abatido. 84 muertes y un solo verdugo. Ya finalizando junio (28/06/2016) en el aeropuerto de Estambul, esa misma furia demoníaca atesoraba 41 muertos y 239 heridos. Después de Niza se movieron un poco hacia el este, y Alemania comenzó a nutrir esas cifras rojas que paralizan y aterran.

El 18 de este mismo mes, se inició con la acción de un joven refugiado de origen afgano que armado con un hacha y un cuchillo atacó y asesinó a cuatro pasajeros en un tren cerca de la ciudad de Wurzburgo, en la región de Baviera, al sureste de Frankfurt. 4 días después el escenario de una nueva masacre es Múnich y el vengador Ali David Sonboly, de 18 años, nacido y criado en Alemania pero de padres iraníes. Este se carga a 9 inocentes en el Centro Comercial Olimpia, entre ellos cuatro niños. Pero pareciera, o que nos hemos acostumbrado a vivir en un ambiente donde ya nada nos sorprende, o de tan sorprendidos, estamos siendo incapaces de reaccionar ante unas realidades que deberían llamar no sólo a reflexión sino a la acción…

Pero no es el único julio sangriento… Justo hace 7 días una nueva conmemoración recuerda al mundo la impunidad que cubre todos estos espantosos sucesos. 22 años han transcurrido del atentado a la AMIA ese ataque terrorista con coche bomba que sufrió la Asociación Mutual Israelita Argentina de Buenos Aires el 18 de julio de 1994.

Era una tranquila mañana de invierno en Buenos Aires… a media mañana un vehículo que transitaba por la calle Pasteur se incrustó en el número 633 y destruyó el edificio. No fue un capricho del destino tal colisión, el objetivo fue muy claro: atacar y destruir el Edificio sede de la AMIA, corazón administrativo, político y cultural de la Comunidad Judía en Buenos Aires, causando la mayor cantidad de víctimas posible. Antes, en 1992, atacaron la Embajada de Israel en la misma ciudad. Ambos atentados dejaron un sangriento saldo de 107 muertos y 500 heridos. Aún los dos esperan justicia. De estos terribles actos de barbarie no hay un solo culpable tras las rejas, aunque el mundo conozca la autoría intelectual de la teocracia iraní y la acción asesina del grupo chiita libanés Hezbolláh.

Pero nada es nuevo, como nada parece despertar a Occidente, donde voces calificadas de la política, la psicosociología y la prensa están decididos a tapar la malignidad asesina del islam terrorista justificándole al imponerle diagnósticos psiquiátricos individuales a los yihadistas lanzados contra la civilización judeocristiana. Son los mismos que les pareció una travesura la condena a muerte a un escritor, el acoso y chantaje a un diario danés y con él a la prensa libre del mundo. Son los que ven normal que al islam sanguinario ni con el pétalo de una rosa, aunque para su mente aberrante y bárbara el infiel deba ser vencido, humillado, coaccionado, masacrado… mostrando su total desprecio a todo lo que no sea su credo, sus costumbres y su obtusa manera de concebir el mundo.

Veo la asquerosa pasividad y me pregunto: ¿Y dónde está la respuesta del mundo civilizado ante este exabrupto? ¿Dónde la ira…? O como diría esa ausente irremplazable que será por siempre Oriana Fallaci, donde está nuestra rabia y nuestro orgullo…

La barbarie se hace cotidiana, peligrosamente común… Muchos gobiernos aceptados en ese concierto cada vez más vergonzoso de Naciones Unidas son: Unos, vivero de verdugos y otros, celebrantes de su maldad.

¿Será que tampoco nos sorprenderá cuando lleguen a nuestras ciudades, a nuestros países e igual que aquel 11 de septiembre de 2001, nos paralicen de espanto y nos arrodillen de cara a La Meca y terminen con nuestra civilización y hasta en un estertor de muerte balbuceemos ¡Allahu akbar!? ¿Será que ya la vida perdió su sacralidad?

 

ebruzual@gmail.com / @eleonorabruzual

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