Antonio Martín Beaumont

El papel de Ana Pastor en el Congreso de vicepresidenta política de Rajoy

El papel de Ana Pastor en el Congreso de vicepresidenta política de Rajoy
Antonio Martín Beaumont. PD

La agenda política, aunque haya incrédulos, se acelera. Y más todavía va a correr tras la onomástica para los Santiago y Jaime. Claro.

Mariano Rajoy era consciente de que su éxito en las negociaciones para formar Gobierno pasaba ineludiblemente por la constitución de las Cortes y por recuperar la presidencia del Congreso.

Esta vez no se podía dejar escapar ese puesto tan vital. Otra aventura como la de Patxi López hubiese sido un lastre para los planes del presidente. A ese primer acto prestó todo su interés.

Mal no le ha ido. Por mucho ruido que algunos hayan querido hacer contra los «pactos subterráneos» con nacionalistas vascos y catalanes.

¿Alguien puede de verdad pensar que Rajoy iba a negociar con PNV y CiU algo que rozase lo más mínimo la indivisible soberanía española? Pues eso.

La luz se abrió ante los ojos de Rajoy, que vio cómo Albert Rivera le servía la oportunidad de dar un paso de gigantes con su asentimiento para nombrar a Ana Pastor, tan absolutamente cercana al líder del PP y con tan dilatada vida política al lado del presidente.

Todo el que ha trabajado con Pastor sabe que es una abonada a jornadas interminables, rigurosa, dialogante, moderada y, ojo, con un claro perfil político.

Ayer, Pilar Ferrer, sobre su gusto por el esfuerzo contaba en este diario como ha impuesto los «madrugones de lunes a viernes, reuniones hasta entrada la noche y trabajo a tope» desde que ha aterrizado en el Congreso de los Diputados.

Pero, el presidente del PP, además, pretende que la tercera autoridad del Estado se convierta en el burladero tras el que se pueda proteger el Gobierno o, al menos, en la colaboradora que, cumpliendo con inteligencia su obligada condición de neutral por su cargo, le haga más liviano el angosto recorrido parlamentario que va a tener esta legislatura.

En realidad, tal como asegura un ilustre colaborador de La Moncloa, «el jefe, con perspectiva, ha colocado en la cumbre del Congreso a la que hubiese deseado nombrar vicepresidenta política».

Cierto: la necesidad de negociar y llegar a pactos convierte de nuevo el palacio de la Carrera de San Jerónimo en el centro de la actividad política española. Las aritméticas parlamentarias van a obligar al futuro Gobierno a mover ficha continuamente y a esforzarse para forjar consensos casi para cualquier asunto.

Así que el Congreso esta legislatura cobra una vitalidad que había perdido ahogado en las aguas calmosas de las mayorías absolutas.

Pocas dudas hay respecto a que la opción «posible» más beneficiosa para España sigue siendo un pacto estable del PP con Ciudadanos.

En eso se está ahora Rajoy. Y ese acuerdo sólo podrá sellarse negociando un programa reformista cuyos ambiciosos ejes pasan por la consolidación de la recuperación económica, el mantenimiento del Estado del Bienestar, la reforma del sistema educativo, el «aggiornamento» de la Administración, la lucha contra la corrupción, la independencia judicial, así como la respuesta conjunta a otros retos importantes del país.

Ahora bien, todos estos temas, una vez acordados los enunciados generales, deben luego cocinarse para ser digeridos desde dependencias parlamentarias y precisan de amplísimos consensos fruto de muchas horas de dialogo responsable.

Tal pacto podría aglutinar alrededor de Mariano Rajoy un Consejo de Ministros formado por personalidades de ambas fuerzas. Ese escenario es descartado ahora mismo por Albert Rivera, que se muestra partidario de tener las manos libres para forjar alianzas.

«Sin formar parte de un Gabinete, sacaré adelante iniciativas con el PP pero, aleatoriamente, también tendré capacidad de interactuar con el PSOE y Podemos», ha confesado en privado el líder naranja.

Aunque, tal vez, debería escuchar otras voces y sentarse en una mesa para asumir compromisos que puedan asegurar la gobernabilidad de este país por cuatro años, como le aconsejan sensatamente voces desde el mismo C’s.

«Mariano estaría dispuesto a ceder a Rivera hasta cinco carteras ministeriales», he llegado a oír en los aledaños monclovitas. No sería mala cosa para Ciudadanos responsabilizarse de la estabilidad de España formando parte del Gobierno.

Más aún: probablemente sea su mejor salida ya antes de diluirse en una oposición en las Cortes donde competir con Pedro Sánchez y Pablo Iglesias es una misión imposible para los naranjas.

En lo inmediato, y con La Moncloa apremiando, Ana Pastor ha logrado del Rey Felipe VI que su ronda de contactos con los partidos pueda iniciarse en el menor tiempo posible. Aquellos que vaticinaron que el monarca alargaría los plazos, buscando tiempo para que los políticos acordasen, se equivocaron.

Un mensaje directo a los partidos sobre la importancia que da La Zarzuela a que se desbloquee la situación política sin más demoras. Veremos sí ese prudente recado permite que haya presidente del Gobierno a primeros de agosto.

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído