Santiago López Castillo

La demagogia de los refugiados

La demagogia de los refugiados
Santiago López Castillo. PD

Es conmovedor el auge de los partidos de izquierda sobre el acogimiento de los refugiados. A simple vista, me parece bien, es un gesto de buena voluntad y que se n ese contempla en las diversas resoluciones de Naciones Unidas. Hasta aquí todo correcto. Pero comienza a ser políticamente incorrecto si se plantea alguna matización a saber y gobierno. Europa, oiga, no se puede permitir -como se está permitiendo aunque sea a duras penas- una invasión de millones de personas de África al abrigo del asilo político. Se viene dando el caso de que los últimos atentados en el viejo continente han sido obra de los fundamentalistas islámicos cuando no de nacionalizados en el país de residencia por cuarta generación. Donde cristianamente se les acogió y padres, hijos y nietos pudieron vislumbrar un futuro anhelante, prometedor. Pero la retro-progresía justifica a estos terroristas con desarraigados, socialmente marginados, etcétera.

Cuentan estos refugiados con las bendiciones papales de los medios de comunicación, incluidos mayormente los clericales, apelando a la bíblica sentencia de dar de comer al hambriento. Sin embargo, no he visto actitudes ejemplares en estos propagandistas de la fe. Ninguno se ha llevado a sus casas un huido de la guerra porque la mafia manda. ¿Y qué hacen las autoridades de su país? Es más: a los rumanos de los pañuelos y limpia-para brisas, los demagogos -y lo he contemplado- les expulsan a la voz de «fuera de aquí», «rumanos de mierda».

Estos son los que aplican el venid y vamos todos, que impartió Jesús Caldera. Pero si nos fijamos bien en ese éxodo que nos invade, la mayoría de los hombres son jóvenes que exhiben cierto poderío físico. Y uno se pregunta: ¿no podrían luchar contra el nepotismo y el terror en su país de origen? No. Resulta más cómodo llegar a la tierra prometida europea donde tienen manutención y algunos vestidos y, llegado el caso, determinados empleos. Y como quiera que en España no cabe un tonto más, en la localidad italiana de Gioiosa Fonica, en la Regio Calabria el alcalde se ha puesto estupendo y reparte billetes (falsos, claro) con la efigie del asesino Che Guevara y Marx el marxista no el humorista. Resulta obvio adivinar la ideología de este regidor del consistorio. Después, y como todo comunista no tiene un pelo de tonto recibe del Estado italiano 35€ diarios por cabeza de refugiados.

No es de extrañar, con esta invasión que preconizara Oriana Fallaci en los años noventa, que surjan partidos que los medios de comunicación, alineados con la causa, califican de extrema derecha, xenófobos o puta mierda. El espacio Schengen -libertad sin fronteras por el territorio europeo- fue una buena medida en aquel momento, pero la avalancha es tal, turbia y peligrosa, que muchos países de la Unión se lo están pensando. Y quieren restablecer la gendarmería en las fronteras. La libertad, como se suele decir, termina donde comienza la del otro.

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