Manuel del Rosal García

Ciudadanos, políticos y periodistas

Ciudadanos, políticos y periodistas
Manuel del Rosal García. PD

«Con una hábil manipulación de la noticia, pueden hacer que la víctima parezca un criminal y el criminal, la víctima»

Malcolm X, activista político estadounidense.

«Periodismo es publicar lo que alguien no quiere que publiques. Todo lo demás son relaciones públicas»

George Orwell, escritor británico autor de la novela distópica «1984»

«Cuando se descubrió que la información era un negocio, la verdad dejó de ser importante»

Ryszard Kapuscinski, periodista, historiador y escritor polaco

Estas tres frases y algunas más pueden muy bien ser aplicadas a cierto periodismo, ciertos periódicos y ciertos periodistas; con mucha más razón y por su enorme difusión, a ciertas cadenas de televisión que deberían llamarse «cadenas de agitación».

Vengo diciendo desde hace tiempo que los políticos son, por supuesto, los responsables de la situación de interinidad en la que se encuentra España, pero también y en gran medida, lo somos los ciudadanos que a la hora de votar fraccionamos el país en la creencia errónea de que un Congreso con 15 partidos es garantía de gobernabilidad. Lo que hasta ahora no he dicho es que el trabajo sucio de cierto periodismo, periódicos y periodistas sin escrúpulos es tan responsable o más que los propios políticos. Y no te quiero decir cuando ese periodismo lo hacen esos periodistas en las cadenas de televisión al servicio de los políticos afines.

Ese tipo de periodismo y de periodistas sostienen a políticos corruptos, prostituyen y pervierten la verdad, esconden la mierda que los políticos a los que sirven producen día a día, ensalza a mediocres sin categoría personal ni política, proyecta en tres dimensiones el más mínimo error de los políticos del otro partido mientras hunden en oscuros pozos de ruindad y mezquindad sus propuestas razonables y beneficiosas para España.

Si todo el periodismo y todos los periodistas buscaran la verdad y hablaran con la verdad no tendríamos políticos indeseables, pero este periodismo y estos periodistas entierran la verdad en hormigón mientras intoxican a los ciudadanos con la confusión y el engaño. Ocultan datos reales mientras publican datos falsos que, aun perjudicando a España y a los españoles, beneficia al político de turno que se supone pagará bien los servicios prestados.

La miseria, la incapacidad, la ruindad, el egoísmo, los intereses inconfesables de sus amos los tapan con el oropel y la purpurina dorada de sus manipulaciones mediáticas hacia el personal. Este periodismo y estos periodistas tienen la responsabilidad de hacer llegar la verdad a los ciudadanos, se lo dice su código ético, pero su código ético hace años que lo tiraron en el estercolero de sus basuras personales y profesionales.

Estos periodistas hacen el periodismo de la sumisión a quien le paga, no el periodismo que sirve a la verdad. Ese periodismo y esos periodistas funcionan como el Ministerio del Pensamiento de la novela 1984 del mencionado Orwell. Taladran las mentes de los ciudadanos para, mediante la manipulación, la mentira y la confusión, introducir en ellas lo que puede ayudar a los políticos a los que sirven.

Los intereses generales para este periodismo y estos periodistas, no existen y, si existen, también intentarán destruirlos. Y para ello, y al igual que en la mencionada novela distópica hacen uso de una neolengua para intoxicar a los lectores a través de los periódicos, la radio y las cadenas de televisión (agitación).

Ese periodismo y esos periodistas son la peste de la información, peste que hemos podido ver, oír y leer desde que el 20D se celebraran elecciones hasta hoy. Esos periodistas que trabajan para ese periodismo, no son tales, son mercenarios que cobran por manipular, engañar, confundir, intoxicar a los ciudadanos que, con sus votos, pueden dar el poder a los políticos a los que sirven, aun sabiendo que, con la llegada de ellos al poder, España puede terminar bordeando el abismo.

Unos ciudadanos manipulados indecentemente hasta la médula por unos periodistas que hacen un periodismo perverso y prostituido para elevar al poder a unos políticos de ínfima categoría, cuyo bagaje es tan solo un ansia bárbara de poder; es una mezcla explosiva que puede reventar más pronto o más tarde.

Es la perversión de la democracia, como lo demostró Henrik Ibsen hace la friolera de 133 años en su magnífica obra «Un enemigo del pueblo», que recomiendo leer a quien quiera descubrir lo negativo que puede ser para un país la mezcla de la manipulación informativa de los ciudadanos por periodistas sin escrúpulos, para elevar o mantener a políticos ineptos y ambiciosos en el poder.

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