Santiago López Castillo

El desafío secesionista: Urge el Art 155

El desafío secesionista: Urge el Art 155
Santiago López Castillo. PD

¿Hasta cuándo? Es la lengua española, nuestro idioma, nuestra bandera, nuestro Rey, nuestra Constitución, nuestros símbolos, nuestra historia. ¿Hasta cuándo los poderes del Estado seguirán mirando al tendido mientras unos enloquecidos rasgan y rompen un trozo de nuestra Patria, queridísima tierra en mi particular opinión. Han aprovechado un gobierno débil, y para más inri en funciones, para sacarse una ilegal ley para la desconexión -como si fuera un electrodoméstico- del resto de España (ellos, los independentistas, no pronuncian la palabra España ni enjuagándose la boca con perborato, y sí el Estado español, que los locos independentistas desconocen que aquella definición la acuñó Franco en el 39, pues, mire, que se jodan).

Pero esto viene de lejos. Desde los orígenes de la Constitución, que, generosamente, los ingenuos padres de la Patria abrieron los brazos, mala puñalada te den. Después, uno de aquellos constituyentes, Gregorio Peces-Barba, se cayó del guindo y exclamó sobre los verdaderos propósitos separatistas de vascos y catalanes: «¡Nos han engañado!». Con dos cojones y un palito. Los soberanistas vienen desafiando a todos los españoles con multitud de gestos y acciones. El más proclive a esta palmaria traición fue el más inepto de los gobernantes desde Fernando VII hasta nuestros días: Rodríguez Zapatero. El memo que dijo que la nación era un concepto discutido y discutible y os daré cuanto me pidáis.

A través de mi programa «Parlamento» de TVE, e intuyendo lo que se nos venía encima, planteé debates a doble banda, vascos y catalanes pero ambos negaron la mayor, como Pedro (no el Sánchez, éste miente por arrobas), Sánchez Llibre y los acólitos de Arzallus:

– ¿La independencia? No nos la plateamos.

Falsos de toda falsedad. Pero era la estrategia. Los independentistas avanzan tan callando con sus medios de información regionales (sí, regionales) como cómplices y voceros del fin deseado. Los gobiernos socialistas y de centro se han venido apoyando en estos satélites que, para los desmemoriados, fueron las provincias más favorecidas por el régimen de Franco. Mientras en Extremadura y Castilla sus gentes se comían los mocos como velas. Entre que la gente no lee, y lo poco que lee es el adoctrinamiento separatista, Vascongadas y Cataluña se han creado dos historias fantasmagóricas, virtuales, y ahora es tarde, no hay remedio, que decía la Piquer. Esta resultante viene motivada por transferir a las autonomías la materia de educación, horror, qué inmenso error.

Rajoy, por su parte, se ha pasado el tiempo con el «derecho a decidir» y otras zarandajas como si el desafío fuera cuestión de papeleos jurídicos, ventanilla a ventanilla, y, encima, los alentadores del referéndum, léase la izquierda más radical y perversa, PSOE incluido, dicen que el Gobierno del PP con su actitud pasiva ha fomentado el independentismo, con dos cojones y un palito. ¿Y si hubiera mandado a los guardias como en tiempos de la segunda república? Pues que detuvieron a Companys para ser muerto y sepultado después en tiempos de Franco (a todo cerdo le llega su sanmartín). Lo de trasladar el muerto al Tribunal Constitucional es correcto, sí, pero estos interminables recursos me recuerdan a la charanga del tío Honorio, riau, riau.

Urge, pues, aplicar el art. 155 de la Constitución («si una comunidad autónoma no cumpliere las obligaciones…»), pero si Rajoy, con mayoría absoluta en el Senado, condición sine qua non no lo hizo, ¿qué esperamos de un Ejecutivo en funciones, inerte, vacío de contenido? «Nada», al menos, fue una obra de Carmen Laforet, pero con mucha miga.

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