Apuleyo Soto

Mis historias con Buero

Mis historias con Buero
Apuleyo Soto. PD

Luis del Val, el docto escriba
que tanto usa del humor,
ha sacado del olvido
a don Antonio, factor
del mejor teatro hispano
en el siglo antecesor.
Y lo ha hecho con recato,
con respeto, con primor
en la tercia abecedaria,
que es la página de honor
del diario de Torcuato,
su muy ilustre fundador.
¿Y qué cuenta el talentudo
Luis del Val al por menor?
Pues sus breves encontradas
con el eximio escritor,
que era bien parco en palabras
como guardián de su honor.
De la guerra y la postguerra,
silencio revelador,
tal cual corresponde a un mártir
o, si queréis, a un señor
entre dos bandos contrarios
sin recibir un favor.
Yo que recibí su influjo
como crítico y autor,
tengo que añadir que siempre
hizo gala de su amor
por mis obras infantiles
a las que les dio esplendor
con un prólogo bellísimo,
que es oro para el lector.
Él, que a nadie prologaba,
me dio de sí lo mejor,
cual «Palabras en la arena»
de Cristo Nuestro Señor.
Esta historia fue escalera
para volar como azor
y escribir «Lope de Vega
para niños», flor por flor.
¿Quieren saber algo más
de este trágico cantor
de la España sumergida
en el franco y puro horror?
Fue poeta secretísimo,
secretísimo pintor,
secretísimo tertulio
y secreto bailador
en las noches de sus triunfos
gozados hasta el albor
con Victoria entre sus brazos
viva, viva, ay, de amor.

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