Santiago López Castillo

Investidura o linchamiento

Investidura o linchamiento
Santiago López Castillo. PD

Los que se oponen a Rajoy, que son todos, a excepción del PP, claro, se consideran oposición como en Fuenteovejuna, pero ninguno quiere colaborar en la formación del gobierno. Estos mendrugos, o cuentan con los dedos, o desconocen el álgebra parlamentario. No puedes oponerte si no hay Ejecutivo. Ellos pretenden el escarnio, la mofa, el linchamiento, en definitiva, del presidente en funciones y el más votado por los españoles en los últimos comicios.

Sigo ahondando -amen de los recovecos políticos- en la animadversión hacia el líder popular. Hasta me he planteado si existe alguna desviación sexual, Dios me perdone. O que es un atracador en toda regla, un corrupto, un pederasta, un ludópata, un embustero, qué sé yo. Que ha recortado los logros sociales y no puso en práctica su programa electoral cuando ganó por mayoría absoluta. Pero ¿y cómo dejó España el inefable Rodríguez Zapatero? En estado ruinoso. En esos cuatro años, Rajoy y su gobierno, con el ímprobo esfuerzo de la ciudadanía, consiguió enderezar la maltrecha economía española. Esfuerzo que han reconocido los organismos internacionales. Seamos serios. No es comparable aquel ejecutivo zapateril -donde sobresalían los miembros y las miembras- con el actual del PP. Sánchez y sus cuates se han puesto mustios porque la UE no ha sancionado a nuestro país, eso es lo que se llama mirar por los intereses generales de España, joder.

No pretendo defender a Mariano Rajoy que para eso tiene a Marhuenda quien le escribe. En ocasiones, le he venido llamando «fraile motilón» por su tibieza. Y mansurrón ha estado, en efecto, y sigue estando con el problema catalán. Porque mucho papeleo al Constitucional como si fuera un negociado de pleitos pobres pero la ejecución de las innumerables sentencia se han convertido en papel mojado. Dicho esto, considero que el presidente del PP es un hombre honrado y que no puede ser responsable de las ilicitudes de los 850.000 afiliados de su organización política. Sánchez, el vendedor de la planta de caballeros de El Corte Inglés, me apasionan las caricaturas, está al borde del abismo. Y aunque ve el ostión, lo que le da gusto a su cuerpo es insultar al candidato. Sin darse cuenta -de lo soberbio que es- que es un inconsistente parlamentario, púgil de la categoría de los plumas en el cuerpo a cuerpo con político gallego. (Luego llegarán los jaúreguis, los encinas o los carniceros para arrojar la toalla y proclamar su victoria).

Si es tan inútil y melifluo, dejen que se estrelle sin el más mínimo miramiento. El cordón sanitario, amigos, tiene una doble vuelta. Al cuello.

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