Manuel del Rosal García

Yo creía que para ser presidente bastaba ganar las elecciones

Yo creía que para ser presidente bastaba ganar las elecciones
Manuel del Rosal García. PD

Ahora además tienes que merecértelo, y los que deciden si te lo mereces o no, son los perdedores de las elecciones. ¡País!

El nuevo mantra de los señores Sánchez y Rivera a partir de ahora será: «Rajoy no se merece ser presidente» Este nuevo mantra será acompañado de los consabidos y sempiternos «NO, NO Y NO» de Sánchez y «Siempre estaría dispuesto a pactar con el PP si el candidato no fuera Rajoy» de Rivera.

Así estaremos hasta la fecha de investidura, si es que la hay, porque dos perdedores quieren justificarse acorralando al ganador y presentándolo como el responsable de que no se pueda formar gobierno.

Sánchez y Rivera quieren que Rajoy se valla pero, si Rajoy siendo el ganador por 52 escaños sobre Sánchez y 105 sobre Rivera debe irse, ¿dónde deben esconderse ellos¿ Lo que están haciendo con Rajoy, con España y con los españoles Sánchez y Rivera es un desprecio a la democracia y una burla a los ciudadanos.

«Rajoy no se merece ser presidente» Estos fariseos de la democracia, estos rencorosos y resentidos por haber perdido dos veces seguidas frente a Rajoy, quieren instaurar una nueva fórmula para que uno de los candidatos alcance la presidencia.

Para ello se postulan ellos mismos como los jueces para establecer el mérito que, por supuesto, pertenecería a uno de los dos. Sánchez y Rivera se consideran los ungidos por el Dedo Divino de Dios, ¿cómo entonces poder aceptar que un nombre sin apenas carisma les haya ganado de calle? En esta tesitura España y los españoles ni figuran entre sus prioridades.

Sánchez y Rivera lo primero que hacen todas las mañanas al mirarse en el espejo para afeitarse es decirse a sí mismos: «Soy perfecto, no puedo permitir que Rajoy ocupe el lugar que me corresponde…lo que no me explico es como los ciudadanos le han preferido a él» Es tanta la soberbia de estos dos especímenes de políticos, tanta su fatuidad, tanto su odio, su rencor, su resentimiento y su temor a que esta sea la única y última oportunidad política para ambos, que no les va a importar conducir a España y a los españoles a otras elecciones.

Mientras Sánchez y Rivera llevan siete meses sin trabajar en nada salvo en desprestigiar a Rajoy y en intentar que se valla, Rajoy lleva ese mismo tiempo trabajando como presidente interino, mientras gana elecciones una tras otra.

A lo largo de estos años, mientras Rivera y Sánchez solo se dedicaban a echar espumarajos por sus bocas para hundir a Rajoy, este trabajaba muy duro para arreglar las tuberías sin dejar de dar agua. Eso es difícil, amigos míos, muy difícil, extremadamente difícil.

Arreglar las tuberías sin dejar de dar agua solo está al alcance de muy pocos. Ahora, tras cuatro años, se firman más hipotecas, se compran más coches, aumenta el consumo, disminuye el paro, los hoteles se abarrotan, en las playas hay overbooking etc.

Esto lo ha conseguido Rajoy. Falta todavía mucho, pero el camino parece el correcto. Y esto está en el haber de Rajoy, que lo está logrando desde la interinidad, con el ataque a la yugular de Rivera y Sánchez y – insisto – arreglando las tuberías sin dejar de dar agua. Hoy y mañana Rajoy se va a entrevistar con quienes, habiendo perdido las elecciones claramente, le va a pedir que se valla – Rivera – y con el NO, NO Y NO del inefable Sánchez. Rajoy ha apelado a la «altura de miras» de Sánchez y Rivera. Mire señor presidente, la mayor altura de miras que llegan a alcanzar estos dos es la altura de sus ombligos. Sus ombligos son el centro del mundo, el sol alrededor del cual gira todo lo demás.

Sánchez y Rivera se miran sus orondos ombligos y se gustan a sí mismos. Son como Narciso mirándose en las aguas del lago, con el añadido de un ansia bárbara de poder y una ruindad y mezquindad política que les hace despreciar el resultado de las urnas. Presidente, permítame recordarle que la firmeza se admira incluso por el mismo enemigo.

En esas entrevistas mantenga su firmeza presidente, esa firmeza a la que Sánchez y Rivera llaman inmovilismo cuando son ellos los que, faltos de la agilidad mental, de la generosidad y de la inteligencia necesarias, permanecen anclados en su egoísmo y en su ceguera. La estupidez inmovilista de Sánchez y Rivera trufada de una soberbia sin límites y un apego bárbaro al poder, puede causar en España una catástrofe política y democrática sin precedentes.

Manuel del Rosal

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