Jordi Rosiñol Lorenzo

Esperanza en blanco y negro

Esperanza en blanco y negro
Jordi Rosiñol Lorenzo. PD

En blanco y negro, con el alba aún sin despuntar, y con hatillo al hombro vestido con el raido, y único traje que con esmero zurció su esposa días antes su marcha, así con sus mejores galas espera en el andén, la barba de un par o más de días, una barba canosa y prematura que hundida serpentea los surcos del rostro enjuto que identifica a quien padece, a quien sufre igual que otros miles de paisanos, el mal vivir que genera el reparto de la pobreza, son las consecuencias de dividir las exiguas migajas de un país que ignorante se instala en la autarquía, el sistema junto a la fratricida y reciente guerra civil, fractura cada vez más la falla que divide la abundante riqueza de unos pocos, de la envergonzante miseria de muchos, el gris de la estación del Carmen contrasta con el colorido del cartel de la película americana que tiene previsto su estreno próximamente en el cine Rex, otro largometraje que identifica una década al otro lado del atlántico, en color y en cinemascope le queda gravada en la retina la «american way of life» un mundo ideal, un mundo tan lejano para el curtido huertano que lo ubica o en la ficción, o fuera del planeta que el pisa con sus alparteñas.

Con un más que previsible y dilatado retraso llega humeante el tren a la estación, la multitud despierta del letargo, y una nube de seres humanos se mueven arrítmicamente blandiendo maletas de cartón y hatillos de todas las clases, el ajetreo deja en la atmosfera el aroma de tortillas, y pimientos asados cocinados con amor a última hora de la madrugada, elaborados con castigadas manos femeninas en el humeante hogar de la vivienda, que no pasa de ser una casa de aperos adaptada lo mejor posible en espera de que las cosas mejoren, en espera de un golpe de suerte.

Con apremio y con la gorra calada hasta las cejas, el jefe de estación levanta la bandera y con un fuerte soplido chilla el silbato, la maquina obedece lentamente, mientras las escasas lágrimas que aún les queda en las cuencas afloran apocadas en el tren correo y al tiempo en el andén, el cansado viaje, la amarga separación, deja ver en el fondo del túnel vital una luz de esperanza.

Es en Francia, la vendimia espera las manos laboriosas que año tras año cosechan la vid bien pagada, el beneficio del sacrificio de este mes, el sudor de los francos trabajados van bien guardados, y regresan para dar una pincelada de color y prosperidad a la orgullosa mujer que le espera a pie de huerta.

Jordi Rosiñol Lorenzo

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