Rafael Torres

Hasta la aberración tiene un límite

Hasta la aberración tiene un límite
Pablo Iglesias con el ex JEMAD Julio Rodríguez (PODEMOS). PD

Es verdad que el PSOE podría facilitar, absteniéndose o votando a favor, la investidura de Mariano Rajoy y la subsiguiente formación de un gobierno del Partido Popular, pero no lo es menos que para eso no habrían sido necesarias dos elecciones generales ni la dilapidación de los millones de euros que nos ha costado la repetición de los comicios: habría bastado con que PP y PSOE se hubieran presentado juntos y revueltos, en listas cremallera, a las elecciones.

Pero como eso no sucedió, pues incluso las aberraciones políticas tienen un límite, lo que tenemos es, asombrosamente, algo de lo más natural: que un partido de izquierda, el PSOE, no quiere, no puede, entregar el gobierno a su antagonista, un partido de derechas, el PP.

Es más; la circunstancia de que los socialistas no quieran, porque no pueden, hacerse el harakiri facilitando a Rajoy la formación de un gobierno de los suyos, es, acaso, la más comprensible y menos disparatada de cuantas se están dando desde hace siete meses, entre las que se halla, sin ir más lejos, la de que partidos antiespañoles se presenten a las elecciones españolas, y, encima, cobrando de España un buen dinero por ello.

Ahora bien; si lo que se quiere es criminalizar al PSOE por considerarle responsable, dada su actitud, de la inevitablidad de unas terceras elecciones, tampoco hay mucho que rascar desde la lógica y desde eso que Rajoy dice que le gusta tanto, el sentido común: ¿Por qué no vota a favor o se abstiene Unidos Podemos, al que nadie, sin embargo, acusa del bloqueo?

¿Acaso no tiene el partido neo-leninista de Iglesias grandes aspiraciones socialdemócratas, o acaso no tiene ganas de exhibir su potencia opositora, para lo cual tendría que haber un gobierno cuya formación podría facilitar tranquilamente? O, si no Podemos, ¿por qué no votan a favor del PP o se abstienen todos los demás, lo que desbloquearía instantáneamente la situación sin necesidad de que España perdiera, por el insuperable descrédito que le acarrearía machihembrarse con la derecha, al partido referente de la izquierda moderada?

No es noticia, ciertamente, que el PP y Podemos se quieran merendar al PSOE, cada uno a su manera. Tampoco lo es que el PSOE no se deje. Sí lo es, en cambio, que el partido doblemente ganador de unas elecciones dobles no encuentre en siete meses a nadie que le quiera.

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