Víctor Entrialgo de Castro

La elección como castigo

La elección como castigo
Víctor Entrialgo de Castro, abogado y escritor. PD

Empezó el pueblo votando para castigar la corrupción y ahora contestan los políticos con la elección como castigo. Inherente a la condición humana es tener que elegir, pero este eventual triple salto electoral español en menos de un año, más que una anómala coyuntura política parece más propio de las olimpiadas de Rio.

La corrupción estaba instalada en el sistema, pero no era el sistema. Ahora una parte está en los juzgados, pero los folios gastados con los Pujol, los Gürtell, los Eres o el pasemisí, pasemisá del Tribunal Constitucional a la afrenta separatista, no sé si servirán para la restitución de lo robado o de lo que siendo nosotros desde hace quinientos años algunos nos quieren quitar.

Así que ya vemos que la corrupción no se solucionaba con un voto de castigo. Votar, según lo que estamos viendo, no es tanto elegir a los nuestros, -como ser del Madrid o el Barcelona-, como elegir en cada momento lo que entendemos mejor para nuestra comunidad política. Por eso las elecciones no las ganan los militantes sino los millones de españoles que votan a quienes consideran, hombres y mujeres de la circunstancia. Quisimos castigar al bipartidismo y lo hemos sustituido por una jaula de grillos.

Y empezamos el castigo por los ayuntamientos cuando lo local es el principio de la política. Si no estas interesado en la limpieza de tu ciudad no tiene mucho sentido estar interesado por la recaudación de los tributos estatales o las comisiones interministeriales.

Por eso el mejor momento de los ayuntamientos, escribe Azaña, es el momento en que la realidad nacional alcanzó su vitalidad mayor. Y si hoy estamos muy lejos de ese punto es porque en el intento de limpiarlos de corruptos, se han entregado los ayuntamientos, -y generalizar es equivocarse pero sin hacerlo no se puede hablar,- a gente sin experiencia política ni profesional más que reunirse en asambleas con ideas peregrinas y ánimo de venganza de algo que no conocieron, para considerar como prioritarias decisiones caprichosas, ideológicas o inútiles como cambiar los nombres de las calles.

Y si lo local está como está, lo nacional no te quiero ni contar. Por eso el castigo no es elegir, el castigo es tener que elegir a representantes que estando excesivamente presentes en nuestra vida diaria, nos representan muy poco.

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído