Santiago López Castillo

Juego de tontos

Juego de tontos
Santiago López Castillo. PD

No. No me he equivocado de título. No es el juego de tronos, esa cutrez de corte medieval que El Coleta regalara a S. M. el Rey en mangas de camisa y tirándose un pedo. La estulticia está anclada en la política y, sobre todo, en estos partidos o partidillos de salón que juegan obsesionados por el pacto del Tinell, versión II. Y por segunda vez consecutiva, Rajoy es el más votado, y vamos -si Dios no lo remedia- por la tercera que es copla popular de Despeñaperros para abajo.

Siguen obstinados. Rajoy no; ni ahora ni nunca ni en ningún lugar incluido España. ¿Y por qué le vota -me pregunto- la mayoría de los ciudadanos que está hasta los cojones de esta escenografía, propia de los antisistema y de los títeres sin cabeza que se pasean por las plazas públicas: muerte a los curas, viva ETA y follemos a calzón quitado a las monjas. Amigo conductor, que cantara Perlita de Huelva, la senda es peligrosa. Pero, como la canción, nada es nadie, y encima no hay remedio.

El soberbio, ególatra y vacuo de Pedro Sánchez sigue en sus trece. Yo soy yo y mis circunstancias. Para mí que le huele el culo a chamusquina. Y cómo le corea la corte del faraón. Al tal Hernando se le pone la barba negra de malo, malísimo. Es un loro parlante, con perdón de estos bellos papagayos. Se repite más que el hipo. Y el Niño de la Bola o de la trola, también vale, se pasa la vida dando clases de regeneración y bien que podría empezar por su partido. No es de fiar el niñato. Luego viene el CIS (Centro de Investigaciones Sociológicas), que falla más que una escopeta de feria, y saca los sondeos a pasear después del 25-J dejando las cosas casi como estaban. Y digo casi porque el vanidoso Sánchez ha subido una décima y de gusto se le ha subido el pavo.

Estamos asistiendo, pues, a este juego de tontos. De cinismos o medias verdades. Y siempre el PSOE con la corrupción del vecino cuando el partido de los cien años de honradez es el primero en el ranking nacional y ha tenido a varios ministros en la trena. Bien lo decía mi santo padre: la mentira es el arma más poderosa del socialismo, a la que recurría Lenin para lograr la revolución. Es tal el egoísmo del vendedor de trajes de El Corte Inglés que no hace caso a los viejos socialistas a los que llama el «antiguo testamento» y los pone a parir. Y, además, de embustero es un desagradecido que no reconoce el gesto del Partido Popular cuando apoyó a ese don nadie que es Patxi López para que fuera lehendakari. A cambio de nada. La generosidad bien entendida.

No, no y no. Pedrito Sánchez quiere ver a Rajoy en el circo de los leones hecho jirones. Despedazado. Y él, levantando el dedo macarra del barrio.

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