Francisco Muro de Iscar

El lío de las reválidas

El lío de las reválidas
Educación, escuela, tecnología y adición. Maximino Soriano.

Si las tuvieran que pasar los políticos, a lo mejor nos evitábamos muchos de los problemas que tenemos. ¿Cuántos suspenderían? No me refiero a la reválida de los pactos, que suspenden todos hasta ahora, sino a las que implantó la LOMCE y que el próximo junio tendrán que pasar medio millón de estudiantes de 4º de ESO y de 2º de Bachillerato.

Este año sólo será una prueba, pero a partir de 2018 será necesario aprobarla para seguir estudios de Bachillerato y para acceder a la Universidad.

En todo caso, lo de que habrá reválidas es una simple teoría, porque trece comunidades autónomas, incluida una gobernada por el PP, ya han mostrado su disposición a no aplicarlas, una tendencia creciente a no cumplir las leyes por parte de quienes nos gobiernan y de hacérnoslas cumplir a los ciudadanos, aunque tampoco nos gusten.

Pero esa no es la razón principal. La más importante es que, como la reforma educativa se aprobó sólo con los votos del PP, los imprescindibles y exigentes pactos que va a necesitar este partido para gobernar, suponen que tendrá que pactar con sus socios la reforma o eliminación de esa reforma educativa que nació condenada a morir sin aplicarse.

A la falta de voluntad real de llegar a un pacto sobre la educación -del PP y de todos los demás partidos, que siguen usando la educación como arma partidista- se suma otro de los errores pertinaces de los distintos Gobiernos: no contar para nada con los que tienen que aplicar esas reformas.

No se dan cuenta de que no puede haber una reforma educativa sin contar con los profesores como no poder haberla en la sanidad o en la justicia sin contar con los sanitarios o con los jueces, abogados, fiscales, etc. Pero es que si cuentan con ellos, no podrán hacer lo que quieran…

Ahora una encuesta hecha por dos profesores de la Autónoma de Madrid a 6.000 profesores revela una rechazo radical a las reválidas y a la propia LOMCE. Aunque una encuesta es sólo una visión parcial e incompleta de la realidad, demuestra un sentir amplio.

Hay que volver a empezar por el principio, por escuchar a los profesores, por debatir a fondo en qué podemos ponernos de acuerdo para mejorar la deficiente educación que padecemos. Porque, por encima de si la LOMCE es mala o buena, lo que nadie pone en duda es que el sistema educativo español necesita una reforma a fondo que prime el esfuerzo, el rigor y la capacidad, en lugar de favorecer la mediocridad, el avance indiscriminado y el abandono escolar.

¿Por qué tenemos tanto miedo a las pruebas que miden el conocimiento y el resultado de nuestros centros educativos? ¿Por qué se bajan cada vez más los listones para que pase más gente desde los niveles más bajos hasta la Universidad? ¿Por qué nos hacemos trampas al solitario con una selectividad -afortunadamente a punto de caducar- donde aprueba más del 95 por ciento de los que se presentan? Eso no es selección, eso es un coladero.

Dice Sánchez Ferlosio que «todo es diversión. El ocio es lo único». La educación es otra cosa. Necesitamos una educación que busque la excelencia, sacar lo mejor de cada alumno. Y para eso necesitamos los mejores profesores y un pacto que defienda a la educación de la política y de los políticos. Estamos muy lejos de conseguirlo.

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