Charo Zarzalejos

La inutilidad de la contundencia

La inutilidad de la contundencia
Charo Zarzalejos. PD

Si en alguna actividad humana es necesaria la flexibilidad es precisamente en la política y aunque parezca una paradoja, para ser flexible hay que tener principios, ideas claras y límites bien dibujados.

Sin nada de esto no existe flexibilidad sino actitud bobalicona ante la realidad y los acontecimientos. Uno de los problemas que aqueja a nuestra clase política es la contundencia de sus palabras y de sus posiciones. De contundentes que son, en ocasiones, resultan hasta increíbles y en la mayor parte de los casos conllevan un trabajo ingente, una enormidad de contradicciones que al final, como una sombra que nunca abandona, suelen estallar en la cara.

En política es necesario marcar posiciones, satisfacer a los electores, cuidar el territorio propio pero, a su vez, la política es todo un arte, un sutil encaje de bolillos y más como cuando ocurre lo que está ocurriendo en España que no es otra cosa que una extraordinaria pluralidad en el Congreso que obliga, necesariamente, al pacto, al encuentro del otro.

Si la pluralidad supone desgobierno, egos desmedidos e incompatibilidades apriorísticas, resulta que lo que es en si mismo bueno _la pluralidad_ puede convertirse a ojos de los ciudadanos en un problema.

Albert Rivera, después de transitar por la contundencia, ha debido caer en la cuenta que aunque le caigan chuzos de punta precisamente por esa contundencia de discurso, que mejor presentarse como un partido útil y dispuesto a ocupar espacio que quedarse en el rincón de pensar con 32 escaños. El paso que ha dado Ciudadanos no es para el partido de Rivera un paso fácil ni cómodo.

Tienen que desdecirse de muchas cosas dichas pero ahí están, asumiendo un riesgo y dando pasos sin la certeza de que lo hecho vaya a tener una rentabilidad electoral. Dada la situación realmente compleja de nuestro país, alguien tenía que dar un paso. Alguien tenía que arriesgarse, alguien tenía que mover el estanque y ese alguien ha sido Ciudadanos.

La actitud de Rajoy, al margen de su exasperante que no inocente, manejo de los tiempos, ha sido, en esta ocasión, de máxima disposición al acuerdo y Rivera le ha cogido la palabra de manera que el panorama que se ha abierto es distinto al de hace una semana.

Cabe pensar que, finalmente y aunque no sea fácil como ha vaticinado el candidato popular, Rivera y Rajoy lleguen a un acuerdo y sean capaces de sumar sus votos cara a la investidura. Juntos suman 169 escaños y Ana Oramas, diputada de Coalicion Canaria esta a la expectativa de lo que se acuerde siendo probable que se sume si en el acuerdo tiene cabida alguna reivindicación de su grupo. Aun así, faltarían seis escaños para la mayoría absoluta.

Tienen razón los que reiteran que el foco hay que ponerlo en Rajoy. Es el máximo responsable de la gestión de los posibles acuerdos pero frente a la contundencia numantina de algunos adversarios Rajoy no tiene margen.

Proponga lo que proponga los «contundentes» no se van a mover de donde están y el PSOE entre ellos, al menos en la primera sesión de investidura. Ignoro cuales son los cálculos de Pedro Sánchez, qué réditos espera obtener de su propia contundencia y lo que más me intriga es ver y escuchar como van a salir de la misma porque de lo contrario, y no es presión alguna, las matemáticas no dan.

Se quejan los socialistas de presiones, de que el foco no debe estar en ellos,que están muy unidos en el contundente no. Pues, bueno, si esto es así, si no quieren presiones, se les molesta el foco y están encantados con su propia contundencia habrá que dejarles que se queden en su rincón de pensar exactamente igual que Podemos, ERC, o cualquier otro partido minoritario. ¿Alguien mira a ERC? Pues eso.

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