El marianismo ha hecho de la procrastinación una herramienta política, una estrategia y hasta un estilo
«La sensata colaboración de Albert Rivera no le sirve; la está utilizando para ganar tiempo». Es la opinión de Ignacio Camacho sobre Mariano Rajoy, que este 18 de agosto de 2016 escribe una columna titulada «Míster No contra Míster Mañana’–Santiago González anima al líder de Ciudadanos a ser ambicioso: «Véngase arriba y pida la vicepresidencia del Gobierno»–:
«[Rajoy] quiere dilatar la decisión sobre la investidura porque si se presenta y pierde -lo que con toda probabilidad ocurrirá- el eje de alianzas girará y tanto el líder de Ciudadanos como el socialista exigirñan su cabeza como precio de un nuevo acuerdo».
Añade que:–Rajoy formaliza el trámite del ‘sí’ a Ciudadanos sin descartar terceras elecciones en España–:
El marianismo ha hecho de la procrastinación una herramienta política, una estrategia y hasta un estilo que consiste en estirar al máximo la espera y los plazos.
Aceptó el encargo del Rey para disponer de la iniciativa; más que manejar los tiempos pretende derretirlos como la arena de un surrealista reloj blando.
Su siguiente etapa son las elecciones vascas y gallegas de septiembre, de las que espera un nuevo batacazo socialista que disipe la ambigüedad de los barones y precipite la conjura contra el secretario general, el golpe de mano.
Es mucho esperar, y en medio tiene el obstáculo de las prisas de Rivera. Al dirigente reformista lo va a intentar enredar en una negociación meramente instrumental: en el fondo nunca lo ha considerado un elemento necesario.
Finaliza Camacho asegurando lo siguiente–Las dos caras de Ciudadanos: el poli bueno Rivera y el poli malo Miguel Gutiérrez–:
Si el pugilato se prolonga sin decantarse, la situación tendrá que resolverse mediante la repetición electoral, quizá en febrero de 2017. Se trata de una tentación de irresponsabilidad descabellada que sin embargo ambos contendientes parecen contemplar como una ultima ratio aceptable, propicia para consumar sus propósitos terminales.
Ese final, de altísimo coste en términos de sistema, podría tener justificación si acabase de una vez con esta tozuda esterilidad, pero no existe ninguna razón objetiva que garantice la eficacia del desenlace.


