José María Carrascal

Exámenes de septiembre

Rajoy, hombre cauteloso, ha preferido ensayar una salida de compromiso

Exámenes de septiembre
José María Carrascal. PD

EL último rumor en los círculos políticos dice que el PSOE está dispuesto a permitir la investidura de Rajoy. Pero sólo en el segundo intento, tras hacerle perder el primero. Lo que significaría dejarla para después de las elecciones gallegas y vascas.

Una especie de premio de consolación de perdedores: ya que no podemos evitar que siga gobernando, permítasenos al menos zurrarle de lo lindo en el primer intento. Dando la vuelta al más macabro ejemplo del cainismo español: «Acepto que me quiten un ojo si a mi enemigo le quitan los dos», convertido en «acepto quedarme ciego si a mi enemigo le dejan tuerto». ¿Habrase visto mayor estupidez?

Que ello signifique perder otro mes, poniendo en peligro la confección de los próximos presupuestos, por no hablar ya de aprobarlos y lograr el visto bueno de Bruselas, parece importar poco a quienes ven la política como un duelo personal a primera sangre. Y quieren ver correr la de Rajoy.

No sólo sus rivales ideológicos, sino todos aquellos que, por una razón u otra, le han jurado odio eterno. ¿Cuántas veces han predicho en periódicos, radios, televisiones, Congreso, que «está acabado», que «le quedan cinco telediarios», que «es un símbolo de otra época»? ¿Decenas de veces?

Centenares más bien. Para terminar viendo que ahí sigue, con más apoyo que nadie entre la población. Es lo que les sulfura. Un español aguanta cualquier cosa menos hacer el ridículo.

Es por lo que no me atrevo a predecir qué va a pasar. Personalmente, hubiese preferido que, tras las segundas elecciones, Rajoy se hubiese presentado a la investidura a pecho descubierto con sus 137 escaños detrás, para exponer al Congreso y a los españoles su programa de gobierno, que no es otro que el que ha venido desarrollando durante los últimos años.

De aceptárselo, adelante. De rechazárselo, en menudo lío se metían quienes lo impidieran. Pues si Rajoy tiene problemas para gobernar, no les digo nada sus enemigos. Ese «gobierno de progreso» del que tanto se habla iba a ser la casa de tócame Roque o cómo te llames, con el PSOE partido por la mitad, Podemos convertido en jaula de grillos, Ciudadanos en tierra de nadie y unos nacionalistas pidiendo la secesión sin ser capaces de llevar su autonomía.

Lo único que les une es el afán de echar a Rajoy. Pero en el momento que Rajoy desapareciese, ¿cómo iban a gobernar ellos? A palos, como ya medio andan.

«Cuando las cosas se ponen realmente mal, lo mejor es que se estropeen del todo», reza el dicho inglés. Pero Rajoy, hombre cauteloso, ha preferido ensayar una salida de compromiso. Para encontrarse casi en la misma situación que estaba. Ese «casi» es lo que me impide aventurar un pronóstico.

Me refiero a que el pueblo español, tan temperamental él, cuando las cosas se ponen realmente mal, es más sensato de lo que se supone. Desde luego, mucho más que sus políticos.

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