Fernando Jáuregui

No, Rajoy y Rivera no dicen lo mismo

No, Rajoy y Rivera no dicen lo mismo
Fernando Jáuregui. PD

Vaya por delante mi contento por el hecho de que entre Ciudadanos y el Partido Popular se hayan acordado más de ciento cincuenta medidas reformistas, de lucha contra la corrupción y de mejora del estado de bienestar.

Lo digo para que nadie me acuse de agorero ni de actuar como Don Pésimo cuando, a continuación, diga que muchas de esas medidas son inconcretas, algunas poco relevantes y que, en todo caso, Albert Rivera y su equipo no han logrado «arrancar» (el término es de Rivera) a Mariano Rajoy y su equipo los cambios de gran calado que el país necesita.

Lo logrado es bueno para España, sí; pero eso no es el Cambio, con mayúscula, que, en el orden territorial, constitucional, electoral y administrativo precisa la nación para que, en el desdichado caso de que hubiese unas terceras elecciones, no nos demos de bruces con unas cuartas, y luego unas quintas, porque el sistema y las normas son las mismas, y las encuestas siguen insistiendo en que los españoles, cosa admirable, votaríamos más o menos igual que desde diciembre, escaño arriba o abajo. O sea…

Este que firmaron este domingo Ciudadanos y el PP no es un acuerdo de gobierno, evidentemente; es un acuerdo que, como dijo Rivera con acierto, cambia algo el funcionamiento del Parlamento, pero no el Ejecutivo, que se formaría exclusivamente por el PP y que ya se ve que sigue con sus reticencias a los cambios: en la rueda de prensa de Rajoy se evidenció su contento por el hecho de que ya cuenta con ciento setenta escaños, mientras que en la previa de Rivera la satisfacción era por los cambios «arrancados», insisto, al PP.

A ver cómo se concretan esos cambios, que esa es otra, porque la redacción, especialmente en temas como la comisión de reforma constitucional, es particularmente tímida, y ya nos dijo Rajoy que eso de la reforma de la carta magna es «un supuesto».

En fin: bienvenidos sean los acuerdos que suponen una cierta regeneración, aunque su puesta en marcha dependería de que la investidura de Rajoy saliese adelante, que desde luego esta semana no saldrá, y de la propia voluntad del PP, que siempre arrastra los pies cuando se habla de cambios, porque, en el fondo, Rajoy sigue pensando, y tiene derecho a ello, aunque quizá no tenga razón, que todo va bien, si bien puede ir mal, advierte, si la cosa sigue así. Y entonces, ¿ahora qué?

Pues ahora sucede que, al menos, esas ciento cincuenta medidas acordadas entre el PP y Ciudadanos son irreversibles: no tienen marcha atrás porque nadie se atrevería a volver grupas.

Este lunes, en su encuentro anunciado con el presidente en funciones, Pedro Sánchez responderá ‘no’ a la petición de Rajoy para que se abstenga y permita su investidura esta semana. Yerra Sánchez, desde luego, en su empecinamiento, pero también, a mi juicio, se equivoca Rajoy en los planteamientos que nos anuncio este domingo: le dirá a Sánchez, dijo Rajoy, que ya cuenta con 170 escaños para su investidura, cuando, según mi criterio, lo que habría de decirle es que ya tiene admitidos ciento cincuenta de los doscientos puntos que el propio PSOE negoció hace solo cinco meses con Ciudadanos.

Y es que Rajoy pone el acento en el desbloqueo de la situación, necesario por la elaboración del Presupuesto y las exigencias europeas (y para mantenerle a él en La Moncloa), entre otras muchas razones: y, sin embargo, lo importante son las reformas para la España más moderna, justa y razonable. Si, a cambio de la abstención socialista, Pedro Sánchez y Rajoy acordasen un calendario suplementario de medidas regeneracionistas que Rivera no logró «arrancar» (repito, lo dijo él) al PP, el secretario general del PSOE puede que decepcione a los ‘duros’ de su partido, pero alegrará mucho a la mayoría del país, de eso estoy seguro. Y haría un gran bien a la nación, que, ya digo, necesita cambios que conformen el Gran Cambio.

Porque lo pactado entre Ciudadanos y el PP ni es el ese Gran Cambio, aunque sea un avance, ni va a servir para que Rajoy logre la mayoría necesaria para seguir en La Moncloa. Por ahora, porque sigo siendo optimista: en una segunda sesión, allá por finales de septiembre u octubre, tendremos cambios en las posiciones socialistas.

O eso, o ya saben: el vergonzante acuerdo, seguramente unánime, para retorcer la ley y no hacer las elecciones el 25 de diciembre, sino una semana antes. Y todo por seis escaños, lo que no deja de ser una coña. Marinera.

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