Laureano Benítez Grande-Caballero

De indignados a indignos: Sic transit gloria mundi

De indignados a indignos: Sic transit gloria mundi
Laureano Benítez Grande-Caballero. PD

Al principio venían en un bajel pirata -llamado Potemkin- diseñado en los astilleros de Chavelandia, con sus bodegas repletas de potosíes bolivarianos, cantando internacionales desde lo alto del palo mayor, tocando cumbias revolucionarias, mostrando su explosiva indignación en sus amenazantes y leninistas puños cerrados. En las velas habían estampado el subversivo código «15M», que lucía esplendoroso entre siniestras calaveras.

Venían a regenerar España, a acabar con las castas, a arrollarnos con sus cambios y sus progresos, a hacernos la Segunda Transición destrozando nuestras cacharrerías y nuestras almonedas, a recortar los recortes, a llevar a la gente a la Tierra Prometida para darnos leche y miel gratuitas, a ganar la guerra que perdieron hace 80 años.

Querían acabar con los irreductibles derechosos, con una España atiborrada de fachas, untada de democracatolicismo y verónicas de alhelí taurino soñadas por toros enamorados de lunas españolas, con heteropatriarcados represores, con la memoria de un pueblo, ladroneando tumbas guerracivilistas en un esperpéntico monopoly de callejeros imposibles.

Venían indignados, enfadados, chulos, prepotentes, con su troupe de zapadores tuiteros, presumiendo de machosalfa, de feminbolleras, de amiguetes etarras, de gorilas cuasicaribeños y metralleros alfonsinos.

Con 10 cañones por banda, amenazaron a los banqueros, a los jueces, a los taurinos, a los católicos, a los derechosos, a periodistas…

Se aporreaban tarzanescamente el pecho para proclamar al mundo su decencia, su dignidad, su moralidad, su espíritu regenerador… Sí: eran los indignados de Sol y Luna. Se creían invencibles, hechos de la pasta de los dioses, fumanchús de selvas y altiplanos, los 7 magníficos de un país que reclamaba sus espadas justicieras, su incontenible Séptimo de Caballería.

¿Qué ha quedado de esa algarabía? ¿Cómo acabó la razzia del «sorpasso»? ¿Qué fue del «momento leninista» que proclamó su Capitán Garfio? El Potemkin fue a hacer compañía al Titanic, su velamen se rasgó, su Caballería fue humillada por los mamelucos derechosos, sus machos se fueron a la omega, y de caballeros navegantes se convirtieron en horrendos sapos de noches cancioneras, porque comenzaron como indignados, y ahora se han convertido en indignos, penando entre icebergs y maderos a la deriva. Iban a cubrirse de gloria, y se han cubierto de ridículo.

Y la música de las esferas les devuelve inmisericorde un estribillo atroz que les machaca sin compasión: Sic transit gloria mundi.

Al frente de los indignados indignos, tras el Coletudo mayor de los rasputines, portando el estandarte de la batahola de indignación, tenemos al «pequeño saltamontes», al pope Errejón, quien, después de llamar indecente al hipotético gobierno del PP con C’s, ha acuñado contra él otro adjetivo descalificador: indigno. Según él, el pacto entre PP y C’s es el «acuerdo de la indignidad». O sea, que están indignados con la indignidad.

Como vemos, este señorito es experto en emplear calificativos molotov contra el centroderecha, calificativos que invariablemente principian con el sufijo «in». Y que no quepa ninguna duda de que, uno de estos días, lanzará otra soflama descalificadora contra los indecentes e indignos centristas y derechosos, calificándolos con otro «in»: in-morales.

Así que ya tenemos la trilogía: indecentes, indignos, inmorales.

Y yo me pregunto: ¿qué sabrá esta horda de moralidad?
Porque mira quién habla de indignidad: un hijo de papá becado hasta las trancas, que consigue por puro enchufismo un trabajo en la Universidad de Málaga, seleccionado a dedo por un amiguete podemita, que no da un palo al agua y, sin embargo, llena bien sus faltriqueras con dinero del erario público. Y a todo esto, cobrando también por su cargo en el partido. No sólo no dimite, sino que tiene la desvergüenza de hablar de indignidad.

Esta indignidad también infesta con su hedor insoportable a la plana mayor de la cúpula podemita, donde todos chapotean en el lodo de la hipocresía, de la falsedad, del engaño.

Trampeadores con Hacienda que quieren rescatar al pueblo, pero no con su dinero: Monederos, Echeniques, etc. Nepóticos perdíos como las Tanias, Colaus, Ritas, etc., padrinos y madrinas de una nueva mafia que practica salvajemente la endogamia más escandalosa a la hora de adjudicar cargos públicos. Y eso que todavía no han tocado mucho poder. ¿Qué harán estos tipos cuando el oropel y el incienso de las poltronas aterciopeladas les abran las carnes con sus vocecitas corruptoras?

En el ínterin, se codean con la jet, mariscada va y viene, aporrean guitarras mientras cantan a las mingas domingas y chúpate dómine, entre volutas de alcohol y bravatas de dominatrix contra las pobres marilós que pasan por ahí. Nos iban a dar regeneración, y han caído en la degeneración. Pura indignidad.

Si el pacto entre PP y ciudadanos es el de la indignidad, ¿qué términos habría que emplear para adjetivar los acuerdos que Podemos tiene con Bildu en algunas instancias del País Vasco? ¿Qué santiaguina habría que disparar contra esta gentuza que jalea al indigno etarra Otegi? ¿Acaso el terrorismo no es la mayor de las corrupciones y perversiones del ser humano? Pura indignidad.

Si las dictaduras son las formas de gobierno más indignas, ¿cómo calificar el hecho de que los podemitas se hayan nutrido financieramente de los potosinos venezolanos, y de los riales iraníes? Y parece -según afirma Eduardo Inda-, que también han rapiñando dineros de otro país sumido en la pobreza, como es Ecuador.

Indignidad es el Errejón, y toda su patulea; indignidad es defender a personajes como el Bódalo y Alfonso «el metrallero»; indignidad es ir de feministas mientras se habla de azotar a las Marilós; indignidad es pretender gobernar un país con la intención de destruirlo a base de referéndums de autodeterminación y pactos con terroristas.

España, el país más viejo del mundo, uno de los pilares que cimentaron la civilización europea, forjadora de un imperio como nunca vieron los siglos, que ha aportado a la Historia un rico patrimonio cultural y espiritual, no es digna de tener en su seno a personajes tan indignos como estos podemitas, maligna metástasis de un país enfermo y decadente que se precipita incontenible hacia otro frentepopulismo, presidido por dos de los personajes más indignos que ha dado nuestra Historia: Pedrito y el Coletas Rasputín, que maquinan para crear el pacto más vergonzoso que vieron los siglos: el pacto de los indignos.

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