Rosa Villacastín

El síndrome post vacacional, verdad o mentira

El síndrome post vacacional, verdad o mentira
Rosa villacastín

No lo creerán pero antes de incorporarme al trabajo he leído un montón de informes, artículos, opiniones, consejos varios sobre el síndrome post vacacional, intentando ilustrarme de la mejor manera posible sobre cómo enfrentarme a la vuelta al curro sin que me lleven los demonios.

Y tengo que confesar que ninguno de los consejos que me ofrecen me han servido de mucho, mejor dicho, no me han servido de nada si he de ser sincera. Entre otras razones porque al haber pasado de los 45 -la edad en la que la apatía y la falta de energía parece que se hace más presente-, estos síntomas no me afectan tan severamente como a los jóvenes.

Ni siquiera otros muchos como pueden ser lo de aprender a lidiar con un mal jefe, por ejemplo, tan difícil de llevar a cabo ya que si algo me ha enseñado la experiencia es que los buenos propósitos que se hacen en verano casi nunca llegan a buen puerto.

Medir el grado de felicidad que cada uno de nosotros podamos sentir me parece imposible de momento ya que no conozco ningún termómetro que me pueda facilitar este dato por lo que tengo que fiarme de mi instinto y de la experiencia que me dan los años, que si algo me han enseñado es a no poner el listón demasiado alto.

Porque si bien es cierto que desprenderse de las obligaciones laborales, de los problemas más acuciantes que nos invaden a lo largo del año, es el sueño de muchos ciudadanos, también lo es que las vacaciones pasan muy deprisa y no siempre son sinónimo de bienestar.

Apropiándome de ese refrán que dice, cada maestrillo tiene su librillo, yo les propongo no complicarse mucho la vida y aceptar, siempre que no suponga un drama personal, que el trabajo es una bendición de Dios, máxime en una época en la que el paro es la mayor preocupación de los españoles, estancados en los cuatro millones de parados y con empleos tan precarios que no permiten mirar el futuro con optimismo.

De manera que para combatir la melancolía -qué bonita palabra-, que produce volver a la rutina diaria lo que he hecho yo es adelantar unos días la vuelta a casa para tomarle el pulso al nuevo curso. Días que puedes emplear en poner en orden tu vida, tu cuerpo, tus armarios, tus compromisos con amigos y familiares, en definitiva aprovechar ese tiempo para hacer todo aquello que tienes pendiente de cara al nuevo trimestre.

Mi teoría es que hay que vivir el presente con glotonería, para no quedar atrapado en un pasado que pasado está. Mirar al futuro inmediato con ilusión, pero sin invertir todo tu patrimonio emocional a una sola carta, a un solo proyecto, de manera que si no se cumplen o no llegas a alcanzar las metas que te habías propuesto no te sientas defraudada y mucho menos una fracasada. El fracaso como la felicidad depende del color con que se mire.

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