Charo Zarzalejos

Otra vez la hora del Rey

Pasó el debate de investidura. Rajoy la perdió, pero como ya han apuntado muchos, ganó el debate. Le dieron bofetadas por todas partes. No hubo clemencia pero, como viene siendo habitual, no le tumbaron. No salió investido Presidente que es a lo que iba pero sabiendo de antemano que no lo iba a conseguir, se dedicó con eficacia a no dejarse «matar». Salió herido pero no muerto y eso lo reconocen sus propios adversarios. «Es duro el tío», comentaba un diputado socialista que con la misma perplejidad que reconocía la dureza de Rajoy respondía cuando se le preguntaba y ahora qué. «¿Lo sabe alguien?».

A ciencia cierta nadie sabe nada, lo único cierto es que, otra vez, es la hora del Rey. Los socialistas vienen sosteniendo que hasta el día 2 y después del día 2 es el tiempo de Rajoy. Lo dicen como fórmula dialéctica para no decir que van a hacer ellos. Pero no. El tiempo de Rajoy como candidato -al menos en primera instancia- se ha acabado. Se ha acabado hasta que el Rey haga una nueva designación una vez que culmine la consabida ronda de contactos con los portavoces parlamentarios. Es volver a empezar pero con algunas piezas menos. Y hay menos piezas porque tras el debate la sensación existente es que hasta aquí se ha llegado, que las posiciones no tienen marcha atrás. Que Rajoy no se va a cansar de pelear y que Pedro Sánchez seguirá resistiendo como si de una gesta épica se tratara. No descarten que el incansable Rajoy se canse y tengan la seguridad que en la posición de Sánchez no hay un solo elemento de gesta y, mucho menos, de épica. Resistentes, los socialistas asesinados por ETA y todos los demás que, en lugar de huir, ahí se quedaron jugando el tipo. A cualquier cosa se le llama resistir.

El Rey decidirá cuando da inicio al ritual constitucional. El problema no es empezarlo, la cuestión está en como termina. Rajoy, de momento, ha mostrado su voluntad de seguir peleando pero nada hacer pensar que dentro de cuatro o cinco semanas el panorama vaya a cambiar. El contundente discurso de Pedro Sánchez, sin dejar rendija alguna, hace cada vez más difícil que pueda revertirlo en una abstención por mucha épica que se pusiera en la misma y no parece que sea posible-nunca se sabe- un Gobierno de izquierda. Se presenta como alternativa pero sin alternativa y asegura, al mismo tiempo, que el PSOE estará en la solución. ¿Hay alguien capaz de descifrar este enigma?. Es legítimo que se oponga a un gobierno popular, pero en las actuales circunstancias lo arriesgado, lo que resulta difícil de entender es que esa legitima oposición vaya acompañada de un discurso quimerista. Está bien enmendar, pero mucho mejor es arreglar aquello que se quiere enmendar y eso se hace desde la Oposición o desde el Gobierno y aquí Sánchez y con él el PSOE en su conjunto, o se arriesga a formar Gobierno o no será ni Gobierno ni Oposición porque iremos todos a elecciones.

No parece fácil ni previsible que Mariano Rajoy obtenga en un tiempo razonable lo que no ha conseguido hasta ahora, salvo cataclismo en el PSOE, cosa que no va a ocurrir. Tampoco va a ocurrir que el PNV se abstenga aunque su dolida queja sea que no se han convocado oposiciones para la Ertzaintza… Como si en ello fuera el bienestar, la prosperidad de los vascos. Y para mas inri, el acuerdo con Ciudadanos decaerá porque, entre otras razones, ya no hay candidato.

Todo huele a elecciones pero hasta que esto se confirme o desmienta de manera indultada, continuaremos con las especulaciones, las hipótesis. Es lo que tiene el día después, que algo hay que hacer aunque no se sepa bien qué. Por eso y para no perderse en este paraje del nunca jamás hay que esperar al calendario y decisiones que pueda adoptar el Jefe del Estado. Creo que lo menos probable es que se produzca una nueva investidura que se sepa fallida. Eso ya lo hemos visto y España no está para melancolías ni para más exhibiciones discursivas. Lo importante es encontrar salida y lo urgente saber cual es.

Recibe nuestras noticias en tu correo

Lo más leído