Fernando Jauregui

Si yo fuese Pedro Sánchez…

Si yo fuese Pedro Sánchez, que afortunadamente, para mí y para el mundo, no lo soy, haría caso de lo que dice Albert Rivera. Que, desde mi punto de vista, con todas sus contradicciones pasadas y presentes, fue el orador más razonable en la primera votación de la sesión de investidura que concluirá este viernes con la derrota del candidato Rajoy.

Y lo que yo entiendo que Albert Rivera le está diciendo a Sánchez es: no seas ahora tú el tapón para desbloquear la situación, que es de lo que antes tú acusabas a Rajoy. No permitas que rencores personales o ambiciones sin sustancia nublen tu juicio. Conviértete en oposición al Gobierno de Rajoy, que es quien ha ganado las elecciones, que nosotros, Ciudadanos, también estaremos en esa oposición, y forzaremos al Ejecutivo del PP a completar la gran era de los cambios durante una Legislatura que será breve.

O sea, que nos quedarían, como mucho, dos años de Rajoy, que es, por cierto, quien ganó las elecciones de diciembre y, más aún, aunque siempre de manera insuficiente, las de junio. Y volverá a ganarlas en diciembre, si la estulticia general no lo impide, que ha de impedirlo. Y, para cuando Rajoy, en virtud de un acuerdo sobre limitación de mandatos, se haya retirado, tendremos otras elecciones, con una legislación -y una Constitución- reformada, con un nuevo sistema electoral en el que cada voto y cada escaño valgan lo mismo, con un PP regenerado y alguien nuevo a su cabeza. Y entonces, ante esas nuevas elecciones, pongamos en 2018, cada cual que se presente con sus siglas y sus potencialidades, con su trayectoria y su historial, y a quien Dios se la dé, los electores se la bendigan.

Entretanto, conviene que en el PSOE entiendan que hay que salvar al soldado Sánchez de su propio suicidio inadvertido. Garantizándole la permanencia en la secretaría general tras el inevitable congreso federal, y que sería él el candidato en esas elecciones de, pongamos, 2018. Y en ese tiempo, desde el Congreso de los Diputados, sería la oposición, más o menos en diálogo con el Gobierno, quien impulsaría las reformas más necesarias, ambiciosas y beneficiosas para el país. Entre otras cosas, los cambios legales necesarios para impedir que estas situaciones de bloqueo, en un país que ya no es bipartidista, y en el que han crecido las ansias independentistas de algunas formaciones antes solo nacionalistas, se mantengan: reformas del artículo 99 de la Constitución ( entre otros), del sistema electoral para hacerlo más presidencialista, de los reglamentos del Congreso y del Senado (que también ha de ser profundamente reformado)*Todo ello se puede hacer en año y medio o dos años, como Adolfo Suárez, en condiciones mucho más complicadas, fue capaz de dar la vuelta al Estado en once meses.

Y al soldado Sánchez, empeñado en salvarnos de Rajoy, hay que decirle, desde sus propias filas, que ha sido Rajoy aquel a quien los españoles han votado más. Que dejarle que gobierne no significa, como tantas veces le ha repetido Rivera, ayudarle a gobernar, sino imponerle, desde el Parlamento, una manera de gobernar. Porque el soldado Sánchez -a ver si un día de estos logramos ascenderle a oficial- puede vender muy caro, en términos de beneficios para el país, sus votos abstencionistas, sean once o los de todo su grupo parlamentario.

Si yo fuese Pedro Sánchez, y conste que este comentario no es un consejo -quién es uno para andar aconsejando–, sino un análisis, consultaría también a los ‘viejos’ del PSOE; a ver qué opinan de su ‘no, no, no’. Y organizaría una votación secreta en el comité federal, al que sin duda habrá que reunir tras las elecciones vascas y gallegas para analizar la previsible debacle del partido en ambas comunidades históricas (en Cataluña, esto ya se ha producido); y pediría a mis asesores de comunicación que analicen a fondo lo que, de manera casi unánime, están diciendo los medios españoles (y extranjeros), a lo mejor no todos ‘vendidos’ a otras opciones. Y que se vaya a la calle y, sin selfies ni pelotas en torno, pregunte a la gente. Y que tenga mucho cuidado con lo que sugieren los sondeos encargados a quienes quieren que les gusten tus sondeos, y con lo que prescriben esos expertos en imagen que tantas veces no dan una, porque consultan a los astros y no a los ciudadanos de a pie, esos de los que Pablo Iglesias quiere apropiarse. Gente.

Si yo fuese Pedro Sánchez, Dios nos libre, votaría ‘no’ por última vez este viernes. Y sonreiría un poco más, que parece que se le va olvidando. Ay, estos asesores de imagen, o lo que sean, que no hacen más que repetirle ‘pero qué guapote eres, mecachis…’

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