Manuel del Rosal

Felicidad enlatada para una sociedad que está «de los nervios»

Felicidad enlatada para una sociedad que está "de los nervios"
Manuel del Rosal García. PD

«La enloquecida búsqueda de la felicidad por parte de esta sociedad, demuestra que carece de ella»

Acabo de leer que los perros necesitan – al menos en España – tratamiento con Prozac. El artículo dice que el dueño entra en la farmacia y compra dos cajas, una para él y otra para su perro. ¡Joder, como estamos!
La OCU ha advertido que España es el país de Europa que más consume ansiolíticos y somníferos, consumo que se ha incrementado un 57% entre 2000 y 2012 y actualmente sigue creciendo según datos aportados por el Ministerio de Sanidad. ¡Joder, como estamos!

El soma es una droga que Aldous Huxley hace aparecer en su novela «Un mundo feliz» publicada en 1931. Como tiene la cualidad de poder ser añadida a cualquier alimento, el soma puede tomarse en helados, en cafés, en bebidas, en agua etc. Es el Estado el que la proporciona gratis a los ciudadanos con el fin de mantenerlos contentos, controlando sus emociones para no poner en peligro la estabilidad de la Metrópolis. El soma se anuncia como el remedio perfecto para la depresión, la ansiedad, el insomnio y estados melancólicos. Tiene todas las ventajas del cristianismo y del alcohol, sin sus efectos secundarios. En los momentos más agudos de ansiedad, depresión etc. los ciudadanos pueden tomar unas «vacaciones de soma», es decir, ponerse ciegos de soma para volver a su vida cotidiana mucho mejor.

Huxley publicó en 1958 «Nueva visita a un mundo feliz». En aquel entonces dijo que muchas de las cosas imaginadas por él se convertirían en penosas realidades. Acertó, lo que no sabía Huxley era que estuvieran tan cerca esas penosas realidades. Porque, yo apuesto lo que quieran a que, en pocos años, los Estados proporcionaran gratis las drogas necesarias para mantener despierta a esta sociedad neurótica y neurotizada; despierta, pero no alerta.

Tres años de mi vida laboral los dediqué a trabajar con psiquiatras. Aprendí mucho. Me decían que la sociedad actual está totalmente neurotizada y neurótica porque no soporta el esfuerzo, no tiene proyecto de vida, no aguanta las frustraciones, no tolera los contratiempos, no supera los desengaños y lo quiere todo a costa de todo y lo quiere ¡ya! También que el individuo está más solo que nunca a pesar de estar rodeado de miles de personas. A este respecto, Eric Fromm, psiquiatra mundialmente famoso, en su libro «El miedo a la libertad» dice lo siguiente: «Sentirse completamente aislado y solitario conduce a la desintegración mental, del mismo modo que la inanición conduce a la muerte»

Hoy la felicidad nos la venden enlatada. Viene ésta dentro la lata de un móvil, de una Tablet, de la lata de color rosa que contiene el sexo libre y las ventajas de la infidelidad, de la lata envuelta en papel de celofán de que todos somos iguales y tenemos los mismos derechos, de esa lata pintada con purpurina que encierra el no renunciar a nada; mucho menos por nadie. También hay latas conteniendo viajes de turismo que te garantizan la felicidad, otras diciéndote que consumas hasta la extenuación; hay una lata que todos poseen y es la lata del egoísmo que, a su vez, y como matrioskas, contiene el quererlo todo al precio que sea. Por último, citaré las latas de las redes sociales que te garantizan una felicidad compartida con miles de «amigos», Todas las latas te explican en su letra impresa que contienen la felicidad y tú, creyéndotelo, compras una para comprobar, una vez abierta, que no, que la felicidad tiene que ser otra cosa. Tiras esa lata para comprar una nueva con la que te sucede lo mismo, sin darte cuenta de que la felicidad no está dentro de una lata, sino dentro de ti mismo, que, si no la tienes cercana a tu corazón y a tu mente, es que no la tienes ni la tendrás por muchas latas diferentes que compres y abras. Llegado un momento y ante la imposibilidad de encontrar la felicidad enlatada de la que te hablan y te venden, buscas algún soporte para poder sobrellevar tanta frustración, tanto desengaño, tanto esfuerzo baldío para nada, y es cuando entras en la farmacia a comprar la felicidad que, según te han dicho, está contenida en las fórmulas químicas de unas pastillas y unas capsulas, pero que, al igual que las latas de felicidad, están vacías de ella; pero a diferencia de las latas a las que puedes tirar, las pastillas y capsulas no las vas a poder tirar porque, una vez dentro de tu organismo, ya no puedes estar sin ellas.

Y llegado aquí me hago la siguiente reflexión: «¿Y nos extrañamos de que una ciudadanía ensopada en orfidal y tranquimazin haya votado lo que ha votado?»

¡¡Joder, como estamos!!

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