Victor Entrialgo

El bombero pirómano

El bombero pirómano
Víctor Entrialgo de Castro, abogado y escritor. PD

Reavivados por los aires de la corrupción y la maleza sin limpiar de los montes y las instituciones de este pais, los incendios políticos provocados por los pirómanos políticos se multiplican por toda nuestra geografia como los que asolan nuestros montes, de Alicante a Orense, dejando a su paso un erial de ceniza.

El último sospechoso de prenderle fuego a todo lo que tiene alrededor y de causar más de doce incendios en Galicia ha sido detenido aunque haya quedado en libertad provisional con la obligación de comparecer semanalmente ante el juzgado. Algo no cuadra. O la sospecha no está fundada o dejarlo libre es una absoluta temeridad.

Sin embargo, hablando de temeridades, va para un año que Pedro Sanchez, nuestro particular Nerón, mantiene nuestra democracia en llamas y a toda España encendida, con la agravante que supone echar a las brasas cosas susceptibles de arder, sin que una organización como el Partido socialista tenga ningún retén de bomberos ni medios suficientes para apagar el incendio y apartar a su secretario general que se empecina en avivar los incendios que lleva meses alimentando, en lugar de apagarlos.

Conscientes de que no tienen futuro político, Sanchez y sus subalternos se han hecho fuertes en la secretaria general y antes de dejarlo han decidido prender fuego al pais y hacer una politica de tierra quemada. Ayer mismo su portavoz hablaba con el gesto de quien le da todo igual. Tal parece que hubieran oído en Ferraz ruido de sillones con ruedas y se propusieran dejar el gobierno y el partido como un erial.

Los demagogos como Sanchez, Iglesias y sus adláteres, ven el poder legítimo en la multitud, que intentan manipular mientras ellos ascienden económica y socialmente. El gobierno representativo, como explicaba Guizot, sólo la ve en la unidad, que es la razón a la que debe tender la multitud.

Para Podemos, Iglesias, Compromís, Pedro Sanchez, Mareas, y veinte más el principio de la soberanía popular, supuesto que crean en ella, es el que conduce al gobierno de la multitud, conducida por ellos, haciendo hincapié en el número.

El gobierno representativo no ve la legitimidad en la multitud. El gobierno representativo no lo ve en la mayoria meramente numérica, sino en la unidad a la que la razón debe reconducir la diversidad.

El bombero pirómano se ha propuesto acabar con todo. Todos los déspotas han hecho siempre igual.

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