Santiago López Castillo

Crispación

Crispación
Santiago López Castillo. PD

Están desatados. En mis cuarenta años de cronista parlamentario jamás había visto unas Cortes tan levantiscas; eso, en plan fino. Y es que ha llegado una chusma a la que se ha sumado un PSOE que está subido en el monte. Haga lo que haga el PP es objeto de escarnio. No vamos a referirnos a Soria, al que le vienen zurrando la badana casi desde tiempos inmemoriales. Ahora, la vicepresidenta de Castilla-León dimite por superar la tasa de alcohol en la conducción y no contentos con ello, los socialistas piden que deje el escaño. No sucedió lo mismo cuando al director general de Tráfico le pescaron in fraganti en la etapa de Zapatero. Fue, a mi juicio, el más aplicado y responsable de nuestras carreteras: Pere Navarro. Pero superó la tasa de alcohol. Delito.

Aquí se hace sangre sin la sangre. Estos bárbaros políticos son capaces de que licuar eternamente la sangre de san Pantaleón en su cruzada contra los cristianos. Están en ello. Zarandean verbalmente a la presidenta del Congreso, Ana Pastor, a este paso, reina por un día. Porque el chico vanidoso de Ferraz trata de epatar con los radicales de la coleta y las rastas y las tetas mamarias del populismo con la chacha -signo de riqueza- de la ácrata Bescansa, descansa, señoritinga.

Por si fuera poco, casualidad, casualidad, el Supremo se pronuncia sobre Rita Barberá por si hubiera delito de blanqueo de capital. Y, casualidad, casualidad, quien toma el caso es Conde Poumpido, el ex fiscal del Estado con Rodríguez Zapatero. En los momentos más críticos, los jueces, toda esa melé de Jueces para la Democracia, y no para impartir una justicia justa, asoman su patita por debajo de la puerta y así erosionamos al Partido Popular cual es el objetivo de una izquierda cainita. Entonces, sale el Niño de la Bola -tan venerado en Austria y descrito por Pedro Antonio de Alarcón en una de sus obras- e imparte más carnés de decencia y ética que no aplica, en cambio, en la corrupta Junta de Andalucía.

Pienso, desgraciadamente, que esta situación va a más. A peor. Estamos viviendo el Pacto del Tinell en segunda versión, tercera o cuarta. Y el mismo día en que el Supremo abre expediente a la ex alcaldesa de Valencia, casualidad, casualidad, salen dos noticias relacionadas con la judicatura: Bárcenas, que retira su acusación al PP sobre los discos destruidos porque se ha de mantener el derecho a la privacidad, y después, la fiscalía, tras lo hechos de la Diada, quema de banderas, fotos del Rey, se hace la sueca porque los mossos de Squadra no dan nombres de los autores. La policía autonómica responde exclusivamente a sus mandos inmediatos, los separatistas de la Generalidad. Cuando la autoridad máxima la tiene el Ministerio del Interior.

Y enlazo con el objeto de este comentario. En la transición, de la que fui fiel testigo, no hubo estas tensiones que hoy padecemos. Y estaba en curso la Constitución. Los Abril Martorell, por UCD, y Alfonso Guerra, por los otros, negociaban hasta las cuatro de la madrugada. Con rechinar de dientes, bueno. Pero sin insultos y desprecios. Estaba en juego el futuro de España. Y ahora, unos mercachifles, o sea, unos pazguatos, pugnan para saber cuál es más imbécil. Que Dios nos coja confesados.

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