Andrés Aberasturi

Sobresaltos

Sobresaltos
Andrés Aberasturi. PD

No está mal el panorama a la hora de cerrar esta semana pródiga -como siempre- de sobresaltos que ya no sobresaltan. Anda de emisora en emisora el colega Manuel Cerdán hablando de su reeditado libro «Paesa, el hombre de las mil caras» (de obligada lectura) y llevado ahora al cine y las cosas que cuenta y que uno recuerda de esa época dejan en casi pura aunque triste anécdota lo de Soria y hasta lo de doña Rita.

Aquella movida de Roldán, sí que fue una movida: los papeles de Laos, el capitán Khan cojeando por el aeropuerto pero, sobre todo, el lavado jurídico -y aun por explicar- del principal personaje de la trama, Paesa, que todo lo sabía y a todos engañó sin pisar un juzgado.

Todo aquel esperpento deja en pañales cualquier escándalo de los que ahora nos hacemos eco. Este país ha aguantado lo que no está en los escritos y a nadie se le ha caído nunca la cara de vergüenza. Por desgracia parece que somos así.

Pero hay que seguir tirando del carro de lo que pasa hoy y, como dije, se cierra la semana con noticias que deberían ser tremendas pero que ya son el pan nuestro de cada día. Por ejemplo: debemos más de lo que producimos en un año, superamos el billón de euros en deuda y eso que aún nos siguen vendiendo el famoso «ajuste» que nunca existió ni para las comunidades ni para la administración central.

Solo los ayuntamientos -hay excepciones- y usted y yo, nosotros, lo hemos sufrido. Pero «ellos» siguen gastando lo que no tenemos y por lo que anuncian, ningún partido -si alguno llega a gobernar algún día- parece que tenga la intención de rebajar el gasto público.

Pues nada, ya se sabe que contra esa vocación solo hay una receta: subida de impuestos y que paguen nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos los que unos cuantos están dilapidando del dinero de todos.

Y doña Rita. Doña Rita Barberá que se va, se va, pero se queda -que diría el poeta- que se va pero sólo un poquito para cabreo de muchos peperos y tranquilidad de otros. Lo decía hace unos días: en el PP ya empiezan a oírse voces discordantes y estoy seguro que un núcleo duro aunque minoritario del partido de Génova está deseando que todo salga a la luz de una puñetera vez para empezar de cero y con las manos limpias de sobres y de sueldos.

Y Griñán para el que el fiscal pide la friolera de seis años de cárcel por el caso de los ERE. Pero claro, la cosa se complica un poco más porque no se trata de algo ajeno al actual gobierno de Andalucía; es que si se llega a demostrar que el fiscal tiene razón, la situación de Susana Díaz se puede complicar y no poco porque era la consejera de Presidencia y protegida del hoy encausado.

Y es que en esto de los escándalos de los partidos, nadie se cree que los máximos responsables vivieran en la absoluta ignorancia.

Aquí van a pasar muchas cosas, puede que pasen al menos, pero las «X» seguirán sin dar la cara tapados por el manto que comparten, el de la ignominiosa inmunidad tácita. Y a ver cómo ahora Sánchez, con lo de Griñán y compañía, sigue hablando de corrupción ajena. Y luego está el lío de Podemos que en Madrid empieza a ser ya una madeja difícil de deshacer.

Que se sepa hay tres corrientes -por ahora- haciéndose la guerra a cara de perro: por un lado el portavoz en el Senado de Unidos Podemos y diputado en Madrid Ramón Espinar, de la banda -en el mejor sentido- de Pablo Iglesias, hizo público el lunes ‘Podemos Escucha’; pero la portavoz en el Ayuntamiento de la capital, Rita Maestre -cercana al número dos, Iñigo Errejón- lidera junto a la diputada Tania Sánchez el proyecto «Adelante Podemos».

¿Alguien más? Pues sí: se suma el eurodiputado de rebote y anticapitalista Miguel Urbán que ha hecho un llamamiento a la militancia para un encuentro abierto «para trabajar colectivamente» sobre documentos y avanzar en una propuesta para la Comunidad. El juego de palabras es facilón, lo sé, pero se trata de saber quién puede más en Podemos.

Y ni siquiera concluyo con aquella frase famosa de Tip y Coll: la semana que viene hablaremos del Gobierno. La semana que viene tampoco habrá Gobierno.

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