Carlos Rubio Romo

Hasta el gorro de lo polítucamente correcto (y1)

Hasta el gorro de lo polítucamente correcto (y1)
Carlos Rubio Romo

He de confesar que he fracasado en la concreción de una definición de lo políticamente correcto sin incurrir en la utilización de palabras que el diccionario de la RAE incluye en la clasificación de palabrotas.

Así que para evitar herir la sensibilidad de mis (escasos) lectores y sobre todo evitar el riesgo de alguna querella o similar, he echado mano de ese invento genial que es Internet y he tecleado la dichosa expresión a ver qué me ofrecía.

La definición siguiente aparece en la «Wiki»:

«La corrección política o lo políticamente correcto es un concepto utilizado para describir lenguaje, ideas políticas o comportamientos con los que se procura minimizar la posibilidad de ofensa hacia grupos étnicos, culturales o religiosos. El término se aplica también en un sentido más amplio para describir la afiliación con la ortodoxia política o cultural.»

Yo (voy a controlarme y no decir tacos) matizaría un aspecto y precisaría otro:

es verdad que en el mundo de lo políticamente correcto se minimiza la posibilidad de ofensa hacia los musulmanes, hindúes, judíos, sintoístas, taoístas, animistas, sijs, baha’is, hare-krishna, agnósticos y ateos (los más privilegiados). Ahora bien, se maximiza hasta límites infinitos las ofensas a los cristianos y ya si son católicos ni les cuento.

La ortodoxia política y cultural es la izquierda. No se concibe otra. El resto es despreciable, prescindible, con lo cual las agresiones que puedan sufrir los pocos que se atreven a salir del rebaño están más que justificadas. «Ellos se lo han buscado», nos hacen comprender los gurús de la secta «correcta».

La tiranía de lo «políticamente correcto» se manifiesta en dos dominios:

El lenguaje
Las ideas políticas

Para que esa tiranía nos siga oprimiendo, lo «políticamente correcto» debe apropiarse de los medios de comunicación, de la Educación y de la Cultura. Dominando eso, domina el mundo. Eso siempre lo han sabido los marxistas y los sepaRATAS y a ello se han aplicado sin descanso. Así estamos donde estamos.

A partir de ahí, empieza a ser muy difícil desmontar las mentiras y los mitos de lo «políticamente correcto» puesto que su monopolio en medios, educación y cultura es tan aplastante y encima dura ya desde hace tanto que casi todas las mentes están ya formateadas. Están tan formateadas que muchas mentiras son ya aceptadas con la misma facilidad que aceptar que hay un día y una noche, un sol y una luna o que necesitamos respirar para vivir.

En cuanto a las ideas políticas, dos ejemplos. Hay muchísimos más que espero poder detallar en otros artículos:

Por ejemplo, en ningún medio se oirá que hay un número importante de científicos que no comparten y combaten la idea del «calentamiento global». ¡¡¡Horror!!!, dirán los más sensibles, ¡¡¡fascistas!!!, dirán los más «leídos», ¡¡¡herejía!!!, empiezan a decir algunos, ¡ay!, hermanos míos.

Pues sí señor, esos científicos existen y no son pocos.

El calentamiento global que nos meten en el cráneo todos los días con imágenes de osos polares nadando en el mar porque presuntamente los casquetes polares menguan a ojos vista, los glaciares partiéndose en pedazos como si eso no hubiera pasado nunca, las chimeneas de las fábricas echando humo como si esos gases fueran zyklon-B. Y dentro de poco veremos imágenes del Polo Sur con pingüinos en bañador y Al Gore paseándose en bermudas y con un gorrito de paja. Al tiempo.

En ningún medio se oirán otras teorías que afirman que en cien años las temperaturas medias del Planeta apenas han variado, que el nivel del mar siempre ha oscilado de forma natural o que una vaca emite más gases de efecto invernadero (adivinen cómo…) que un coche medio.

Otro ejemplo, ¿qué primera palabra le vendría a la mente a la inmensa mayoría de los encuestados si les dijéramos «campos de concentración»? Ninguna duda: nazis, Hitler o Auschwitz.

¿Qué otra respuesta podrían dar los pobres? Si nos conocemos de memoria ya la inscripción que figuraba a la entrada del tristemente célebre campo de concentración («Arbeit macht frei»), el zyklon-B, todos los barracones de Auschwitz, Treblinka o Dachau y la biografía de Simon Wiesenthal de profesión cazanazis.

Pero, ¿cuánto se le abrirían los ojos a cualquiera de esos encuestados si les preguntamos por el GULAG? ¿Por Kolimà, Solovky, Vorkutá o Perm que, por desgracia, no tenían nada que envidiar en número de muertos a Dachau o Auschwitz? ¿O si les dijéramos que los soviéticos masacraron hasta la práctica desaparición a tártaros, balkarios, chechenos, calmucos, ucranianos, estonios, letones o lituanos entre otras naciones? ¿Eso no era racismo? ¿O que después de la 2ª Guerra Mundial, el Estado Soviético decretó la persecución y el internamiento en esos campos de los judíos por el mero hecho de serlo? ¿Es que saben que los comunistas masacraron a dos millones de personas al llegar al poder en Camboya por motivos tan «justificados» como hablar francés, llevar gafas o tener un título universitario? ¿O que Kim-Yong-Un no es un gordito un poco tarado sino un asesino que en nombre del Comunismo ostenta el triste record de dirigir la nación con menos libertad del Mundo? ¿Qué dirían si algún medio, en un arrebato de objetividad, informara de que la tiranía comunista cubana (perdón por lo de tiranía) encerró en campos de concentración (comunistas, no nazis) a miles de personas bajo la acusación de «homosexualidad»? ¿Y que entre las torretas de ametralladoras de esos campos no se leía «Arbeit macht frei» sino «El trabajo os hará hombres»? ¿Y que esas persecuciones fueron lanzadas años antes por el Che Guevara? En definitiva ¿podrían concebir que el Comunismo asesinara a más de cien millones de personas en el s. XX?

En cuanto a la manipulación del lenguaje, hay dos ejemplos que me parecen sin duda alguna la cumbre de la manipulación:

¿Quién imaginaría que detrás de los adjetivos «antisistema», «radicales» o «altermundialistas», usados hasta la náusea por los medios borreguiles, hay pura y simplemente ultraizquierdistas? ¿Por qué nunca citan la ideología marxista de esos salvajes? ¿No se precipitan acaso los medios cuando se trata de inculpar sin juicio a presuntos ultraderechistas? Ahí sí que no hay duda, los calificativos no faltan: nazi, neonazi, fascista, neofascista, ultraderechista…En cuanto hay la mínima oportunidad, el comando mediático se pone en marcha para poner en evidencia la ideología ultraderechista de presuntos inculpados.

Sin embargo y a pesar de que el diccionario de la RAE contiene las palabras «ultraizquierda» y «ultraizquierdista» en todos los medios de nuestra patria hay un veto para no utilizarlos. Por supuesto tampoco en la inmensa mayoría de las otras naciones occidentales. Un muro espeso de silencio se levanta para jamás mostrar la izquierda en situaciones comprometidas.

No hay que romper la imagen, más falsa que Judas, de una izquierda virtuosa defensora de los más débiles y vanguardia del progreso de la Humanidad. No hay que ensuciar eso con la realidad: la inmensa mayoría de los grupos terroristas del s.XX eran marxistas, incluida por supuesto la ETA, los vándalos que terminan las manifestaciones destrozando las ciudades en España y en Europa son sistemáticamente miembros de grupúsculos anarquistas y comunistas o que los descerebrados que queman efigies de Felipe de Borbón en Cataluña hace una semana son más rojos que los tomates del huerto de mi mujer.

¿Y qué decir de la palabrita «Progresistas»? ¿Acaso una persona medianamente en sus cabales aplicaría esa definición a un sistema político culpable de haber arrasado buena parte de los ecosistemas más bonitos del mundo allí donde ha gobernado? ¿Y a un sistema que para evitar vaciarse de sus ciudadanos huyendo de la tiranía construyó un muro rodeado de fosos, perros, alambradas y ametralladoras? ¿Un sistema de partido único donde la más mínima disidencia política, cultural o social era castigada con muerte o campo de concentración? ¿Un sistema que condenaba sistemáticamente a sus ciudadanos a la miseria más absoluta y colas interminables para utilizar las cartillas de racionamiento?

Pues bien, por arte de birlibirloque los herederos ideológicos del Soviet, los hijos de Lenin, Stalin y Mao se pasean alegremente por los platós de televisión, los estudios de radio o las páginas de los periódicos dando lecciones de democracia (¡¡¡ellos!!!) y, sobre todo, desde una pretendida superioridad moral dada, ¡¡¡encima!!!, por su ideología. Cual paladines de la libertad, no sólo no se callan ni se esconden bajo tierra, sino que encima proclaman alto y claro sus soflamas que no son sino un compendio de mentira, odio y muerte. Vean, si no, a los de Podemos o Izquierda Unida, por poner dos ejemplos.
Evidentemente, en esa inmensa manipulación estos modernos jemeres rojos cuentan en España con la complicidad cobarde de esa «nada» que hace muchos años fue tibiamente de derechas y que hoy es socialdemócrata. Una complicidad provocada por un complejo de inferioridad moral y el pavor de que les tachen de franquistas si emiten el más leve desacuerdo con la unanimidad lanar.

Fuera del rebaño hace frío. Fuera del rebaño se tiene miedo. Ya no está el pastor para llevarte por donde él quiere cuando él quiere y como él quiere.

Pero fuera del rebaño se es libre.

¿Quién se quiere escapar?

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