Santiago López Castillo

Millán Astray, tuerto, manco y fusilado

Millán Astray, tuerto, manco y fusilado
Santiago López Castillo. PD

Han venido con el revisionismo y el odio metido en el cuerpo. Es esta chuma de podemitas que todo le huele a franquismo. Y ellos no se huelen porque no se duchan y apestan a rojelío. La corajuda Carmena, supuesta alcaldesa de Madrid, ha suprimido la calle del general Millán Astray, fundador de la Legión española, un cuerpo de acción rápida e incomparable que se creó en 1920, noventa años lo contemplan. A buen seguro que la grey marxista-leninista desconoce al patriótico militar porque tampoco saben lo que es el concepto patrio y sí la comuna con polvo y paja.

Es triste, por no decir vergonzoso -este término está más ajustado-, que aun habiendo transcurrido casi un centenar años se siga haciendo causa general al régimen de Franco y se ensalcen, en cambio, las tropelías y asesinatos del socialismo-comunista. Los que nos llevaron a la guerra civil, dígase con el rigor de los tozudos hechos. Los legionarios, como la Guardia Civil y el Ejército entero, conforman el orgullo de la nación española que para un indigente cultural como ZP era un concepto discutido y discutible. Además de pasear la cabra en el desfile, son los que llevan el paso de la muerte: Marruecos, Ifni, Bosnia-Herzegovina, Albania, Kosovo y Macedonia, Irak, Congo, Líbano, etc.

La inepta en cuestiones militares, Carmen Chacón, mandó que se abrocharan las camisas para que no se les salieran los pelos de pecho en pecho. Pero no dijo nada de los cojones que algún bello tiene el recio gastador entre sus partes. Los legionarios, afortunadamente, han seguido desfilando en andas con el Cristo de los Faroles. Pero ni las enfermizas prohibiciones de los politicastros impiden su presencia en procesiones y otros actos litúrgicos. Son los novios de la muerte. Los que llevan el paso firme al redoble del tambor que marca el ataque y la defensa.

Como hijo de militar, por ello y por mucho más, he de sentirme orgulloso de las incontables acciones del Ejército español. Nunca me tiró la carrera de mi padre. Él lo sabía y hasta me llamaba cagado. Bueno, ¿y qué? El miedo es libre. Y lo que no voy a consentir es que cuatro descerebrados tergiversen la gran historia de España. Millán Astray, Muñóz Grandes y hasta Muñoz Seca, por cambiar de bando militar al de la cultura, son referentes inapelables dignos de toda admiración. ¿Y Carrillo, el asesino de Paracuellos, o La Pasionaria o Indalecio Prieto que moran y viven en relieve entre nuestros conciudadanos?

Franco, con Millán Astray, para los desmemoriados, sofocó en 1934 la revolución de Asturias estando el capitán Lozano a las órdenes del que luego sería Caudillo, a favor de la II República. Guardo en las estanterías de mi biblioteca del despacho una magnífica colección de soldaditos de plomo. Entre ellos, Millán Astray, tuerto, manco y ahora fusilado por orden de la inefable comunista alcaldesa Manuela Carmena. Miliciana del odio y del rencor.

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