Charo Zarzalejos

Ni Rajoy se va ni Sánchez cambia

Ni Rajoy se va ni Sánchez cambia
Mariano Rajoy y Pedro Sánchez. EP

No acierto a entender como es posible que se haya asentado como verdad poco cuestionable que después de las elecciones vascas y gallegas algo se iba a mover en el panorama nacional.

Lo único que, a mi modo de ver, indica es que nuestros políticos se conocen poco entre sí. También podría ser que en situaciones casi desesperadas y para que nadie acuse a nadie de tirar la toalla, se marquen fechas en el calendario dándoles a las mismas la categoría de un antes y un después. Nada, a efectos de formar Gobierno, va a ocurrir tras el 25 de setiembre. Salvo milagro, no habrá Gobierno.

Si nunca he entendido ni compartido el carácter «decisivo» de las citadas elecciones, mucho menos resulta comprensible pensar que Rajoy se va a ir, que va a decir adiós y que venga otro para las elecciones que ya tenemos encima. Más sorprendente aún me resultaría que contara sus planes.

Es obvio que Mariano Rajoy, por lógica, está más cerca del fin de su carrera política que otros y él lo sabe, pero esto no significa, de ninguna de las maneras, que entre en sus planes una despedida anunciada. Será su camisa la primera en enterarse y los demás nos enteraremos al día siguiente de que, de verdad, se haya ido.

En el Partido Popular a nadie se le ocurre, en esta momentos, pensar en otro candidato que no sea Rajoy y a nadie se le escapa que la próxima legislatura -dure lo que dure- será su última legislatura. Es un valor entendido en el PP. Algo que se da por descontado. De la misma manera que se da por descontado que el correspondiente Congreso será un Congreso «abierto y ordenado» y que quien suceda a Mariano Rajoy será alguien que «no reniegue de su pasado».

Por otro lado, tanto el PP como Ciudadanos parecen haber equivocado deseos con realidad. De manera insistente y con una fe que asombra al más crédulo han venido creyendo -o eso hacían ver- que Pedro Sánchez, a la vista de los malos augurios que le otorgan las encuestas tanto en Galicia como en el País Vasco, recapacitara y optaría, finalmente, por facilitar un gobierno del PP. Rivera les pone el caramelo de, juntos, hacer una dura labor de Oposición.

Pero da igual. No hay argumento bastante para que el secretario general del PSOE cambie de opinión. Basta acercarse a su núcleo más próximo para afirmar, sin temor al error, que el PSOE, en ningún caso, va a facilitar que Rajoy continúe en Moncloa. Ferraz no tiene previsto, de ninguna manera, pedir la cabeza del presidente en funciones y ni está en sus planes trueque alguno. El No es No de Pedro Sánchez se mantiene en toda su vigencia.

Ahora, la fecha fetiche es la del 1 de Octubre. Todavía queda alguno por el PP que no descarta que haya poco menos que una batalla campal y Sánchez se vea forzado a torcer el brazo.

Es probable que surgen reproches y críticas. Para este supuesto más que probable, Sánchez ya tiene bien armado su discurso de respuesta: el PSOE que dirige es el PSOE heredado, en sus normas internas, de Alfredo Pérez Rubalcaba y las modificaciones estatutarias que «ahora parecen molestar a muchos» fueron leídas en XXXVIII Congreso por… Susana Díaz.

«¿De qué protestan algunos»?, se preguntan en Ferraz. «¿Cómo se puede decir que no se puede gobernar con 85 escaños cuando Lamban en Aragón gobierna con 18?». Si los barones y otros dicen en público lo que dicen en privado, nos será un Comité Federal tranquilo, pero tiempo al tiempo porque hasta el momento lo que se ha producido son declaraciones más o menos contundentes, cada vez más esporádicas y poco más.

Pedro Sánchez va a mantener su NO a Rajoy. Se siente seguro del acierto de su decisión y, lo que para él es más importante, «muy acompañado por las bases», a las que llegado el caso, no dudará en acudir.

La dirección de Ferraz afronta la cita «con enorme tranquilidad» y con la satisfacción de «no dar discurso a Podemos» manteniendo el NO al PP. ¿Habrá alguien en el Comité Federal que se niegue a que Pedro Sánchez intente formar un gobierno alternativo?. Desde luego, aquellos que gobiernan gracias al apoyo expreso o tácito de Podemos tienen pocos argumentos para oponerse. De todos modos y siendo realistas pocas, muy pocas posibilidades de éxito tiene esa iniciativa. A Sánchez le basta con decir «lo he intentado».

Así las cosas y sin dejar de apelar al milagro que en política siempre es posible, no pasarán muchos días sin que todos constatemos que volvemos a la casilla de salida. Los resultados que cada cual obtenga en Galicia y País Vasco serán irrelevantes para evitar unas nuevas elecciones y como la ficción llega a cansar, Rajoy ha hecho bien al afirmar que si hay que ir a elecciones, se va.

Esta afirmación le ha costado críticas. Aseguran que desde el día uno, el PP quería nuevas elecciones. Tengo para mí que cuando un partido gana las elecciones, lo que de verdad quiere es alcanzar el poder. Que los demás crean que, efectivamente, el objetivo primero y último del PP era ir a unas nuevas elecciones, no deja de ser un buen escape a la propia responsabilidad, una forma de decir «yo no he sido».

Nos queda por ver el último capítulo de los contactos de Pedro Sánchez con los «partidos del cambio». Ya han echado cuentas y aseguran que hay 14 millones de ciudadanos que no quieren un Gobierno del PP. Y es verdad pero cuando los representantes de estos 14 millones son incapaces de ponerse de acuerdo, la fuerza queda diluida en pequeños espacios de melancolía.

Es más que probable que el Domingo todos tengan para sí mismos un discurso complaciente. El PP, ganará en Galicia y el PSOE, quizás, gane a las encuestas. Los políticos, contentos y los ciudadanos, perplejos.

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